
Un estudio inédito realizado por científicos del Conicet y de la Universidad Nacional de La Plata encendió una señal de alerta sobre la contaminación de los cursos de agua en el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA). La investigación reveló la presencia de concentraciones llamativamente altas de fármacos en ríos y arroyos que desembocan en el Río de la Plata, un fenómeno que, si bien ya fue detectado en otros países, en la Argentina alcanza niveles que destacan a nivel regional.
El trabajo, publicado en la revista científica Environmental Toxicology and Chemistry, identificó en siete afluentes metropolitanos restos de medicamentos de uso masivo como paracetamol, ibuprofeno, carbamazepina —utilizada para tratar epilepsia— y metformina, recetada para la diabetes tipo 2. También se hallaron concentraciones significativas de sildenafil (Viagra), clonazepam y otros fármacos, hasta completar un total de 16 sustancias analizadas.
Daniela Pérez y Pedro Carriquiriborde, autores del estudio e investigadores del Centro de Investigaciones del Medio Ambiente (CIM), explicaron que uno de los aspectos más preocupantes es que estos compuestos logran atravesar los sistemas convencionales de tratamiento cloacal. “Cuanta mayor es la densidad humana, mayor es la cantidad de sustancias farmacológicas en el agua, incluso en zonas con plantas de tratamiento primario, que no logran eliminar el 100% de estos compuestos”, señaló Carriquiriborde, especialista en contaminación ambiental y ecotoxicología.
Según el análisis, las principales fuentes de esta contaminación son los efluentes sanitarios y los residuos domiciliarios. En ese sentido, los investigadores detectaron picos muy altos de fármacos en zonas con urbanizaciones precarias o sin infraestructura adecuada. Uno de los casos más llamativos se registró en el río Reconquista, en un punto cercano al predio del Ceamse, lo que sugiere la influencia de los rellenos sanitarios. Otro foco inesperado fue el arroyo Maldonado, que atraviesa varios asentamientos donde los efluentes cloacales se descargan directamente en el curso de agua.
El equipo del CIM lleva más de una década estudiando la presencia de medicamentos en el ambiente. En 2022, participó de un relevamiento internacional que comparó la contaminación por fármacos en aguas superficiales de más de cien países. En ese ranking, elaborado a partir de muestras de un afluente urbano por nación, la Argentina —representada por el Riachuelo— se ubicó en el puesto 15 entre los países con mayor concentración de drogas en el agua.
A partir de esa experiencia, los investigadores decidieron profundizar el análisis a escala regional. Para ello, tomaron muestras en los ríos Luján, Reconquista y Matanza-Riachuelo; los arroyos Del Gato, Maldonado y El Pescado, en la región de La Plata, Berisso y Ensenada; y el arroyo Espinillo, en el partido de Magdalena. Los resultados mostraron un patrón claro: mientras en zonas rurales se detectaron apenas dos o tres medicamentos, en los tramos urbanos aparecieron residuos de casi la totalidad de los fármacos buscados.
Uno de los hallazgos que más llamó la atención fue la elevada presencia de paracetamol, el medicamento con mayor concentración promedio en el agua analizada. “Esto refleja los hábitos de consumo de la población. En otros países predominan ciertos antidepresivos, mientras que en la Argentina aparecen más drogas como el clonazepam o la sertralina”, explicó Carriquiriborde.
El estudio se realizó en dos períodos de 2022, invierno y verano, lo que permitió detectar variaciones estacionales. Un caso emblemático fue el del sildenafil, cuya presencia aumentó notablemente durante el verano, un fenómeno que los investigadores vinculan con un mayor consumo asociado a esa época del año.
En cuanto al impacto en la salud humana, los especialistas aclararon que no se analizaron aguas potabilizadas, por lo que no es posible establecer conclusiones directas. “En principio, estimamos que el impacto en las personas es nulo”, sostuvo Carriquiriborde. No obstante, advirtió que las consecuencias ambientales sí son evidentes. “Hay sectores del Reconquista y del Riachuelo donde prácticamente no hay vida. Son cursos de agua degradados, convertidos en cloacas a cielo abierto. En el Matanza-Riachuelo, por ejemplo, sobrevive una sola especie de pez, cuando en ríos similares pueden encontrarse más de veinte”.
Los investigadores señalaron que existen medidas concretas para mitigar este tipo de contaminación, como promover la devolución de medicamentos vencidos, ampliar la red cloacal y modernizar las plantas de tratamiento con tecnologías capaces de remover fármacos del agua.
Desde el CIM esperan que el estudio sirva como punto de partida para la toma de decisiones por parte de las autoridades. “Lo que consumimos y descartamos no desaparece: termina en el agua o en la tierra. Entender eso es clave, porque afecta al ambiente y, en definitiva, a todos los seres vivos”, concluyó Daniela Pérez.
