
La fiesta de Halloween se popularizó a nivel internacional y, más allá de que su epicentro más fuerte suele ser Estados Unidos, diversos países conmemoran la jornada el 31 de octubre de cada año. Por supuesto, una de las costumbres más icónicas de la celebración está vinculada a la frase “dulce o truco”, bajo la cual los chicos y jóvenes piden golosinas al pasar por las casas de su vecindario.
La práctica no llegó a instaurarse en la Argentina y, aquí, los adolescentes optan por llevar a cabo encuentros en recintos cerrados con el objetivo de disfrazarse y realizar bailes. Sin embargo, la entrega de dulces se volvió furor en tierras norteamericanas: varias películas y series enseñan aquella tradición como algo ya naturalizado.
Dulce o truco: los inicios del ritual entre los celtas y los irlandeses
Más allá de la lógica vinculación con el negocio de los caramelos, su origen tiene raíces tanto celtas como británicas. Durante la festividad de Samhain, se consideraba que los espíritus contaban con la capacidad de caminar entre las personas y vivas: por ello, se colocaban atuendos de entes malignos para defenderse de los demonios.
Por otra parte, tanto en el Reino Unido como en Irlanda, las mujeres menos pudientes y sus hijos salían a las calles en búsqueda de limosnas y alimentos durante la víspera del Día de los Santos Difuntos. A cambio, rezaban oraciones por los muertos de la familia en cuestión. Poco a poco, con el correr del tiempo, las características se modificaron drásticamente.

El ritual, con sus variantes, continuó y se propagó por ciudades estadounidenses luego de la migración de comunidades gaélicas allá por 1840. Por supuesto, la oración proviene del inglés “Trick or Treat”, un juego de palabras que se parecen en su pronunciación: es una amenaza en modo de broma por la cual, si los dueños de la vivienda no entregan golosinas, recibirán un castigo.
Los primeros registros oficiales de la iniciativa datan de 1920, pero tomaron otro cariz tres décadas después ante la irrupción de una campaña propuesta por la Unicef: la entidad dependiente de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) impulsó la difusión de una recogida de dulces pergeñada por una familia de Pensilvania y casi todos adoptaron la idea.
En el caso de que los adultos le otorguen a los menores caramelos, dinero o algún tipo de recompensa, se da por hecho que el trato ha sido sellado. De lo contrario, los chicos están habilitados a efectuar un chascarrillo: comúnmente, se arrojan huevos y hasta espuma de afeitar contra la puerta de la residencia.
