
Tucumán se encamina hacia un verano 2026-2027 marcado por elevada humedad, temperaturas agobiantes y la posibilidad de tormentas severas capaces de descargar grandes cantidades de agua en períodos breves. El escenario estará condicionado por un episodio de El Niño que, según el informe, podría alcanzar una intensidad “muy fuerte” entre finales de este año y comienzos de 2027, aunque los especialistas advierten que esto no permite anticipar por sí solo inundaciones ni una temporada de lluvias permanentes.
La expresión “Súper Niño”, extendida en redes sociales y conversaciones cotidianas, no corresponde a una categoría meteorológica formal. Jorge Noriega, observador meteorológico local, explicó que científicamente estos episodios son clasificados como débiles, moderados, fuertes o muy fuertes, por lo que desaconsejó utilizar el término “súper” para describir lo que podría ocurrir.
Según el reporte citado de la Organización Meteorológica Mundial (OMM), El Niño se encuentra establecido y presenta una probabilidad cercana al 100% de prolongarse hasta comienzos de 2027, impulsado por un calentamiento excepcional de las aguas del Pacífico tropical. Las proyecciones mencionadas apuntan a que podría alcanzar una intensidad “muy fuerte” entre fines de 2026 y principios del próximo año.
Sin embargo, un episodio intenso de El Niño no implica que todos los territorios recibirán automáticamente precipitaciones extraordinarias. En Tucumán intervienen otras variables que pueden modificar tanto la distribución como la intensidad de las lluvias.
Hugo Roger Paz, doctor e investigador de la Universidad Nacional de Tucumán, señala en sus análisis que la relación entre El Niño y los máximos de precipitación en la provincia también está condicionada por la Oscilación Decadal del Pacífico (PDO). Actualmente, de acuerdo con el informe, ese indicador atraviesa una fase negativa, situación en la que la relación entre El Niño y los episodios de lluvias intensas en Tucumán sería más estrecha.
Este escenario, sostienen los especialistas consultados, justifica reforzar la preparación y prevención, pero no permite afirmar que la provincia se encamine inevitablemente hacia una catástrofe.
Para el trimestre comprendido entre diciembre de 2026 y febrero de 2027, uno de los principales factores a observar será la combinación entre altas temperaturas y humedad. El ingreso persistente de aire húmedo desde el norte argentino y los denominados ríos atmosféricos provenientes del Pacífico podría favorecer jornadas sofocantes, con sensaciones térmicas muy superiores a las temperaturas registradas.
En un escenario de 37 °C, por ejemplo, una elevada concentración de humedad puede llevar la sensación térmica por encima de los 44 °C. Esa combinación de calor y humedad también aporta condiciones favorables para el desarrollo de tormentas.
El principal riesgo no estaría necesariamente asociado con jornadas completas de lluvia, sino con fenómenos de gran intensidad concentrados en poco tiempo. Tormentas de fuerte desarrollo vertical podrían descargar volúmenes importantes en lapsos de 40 minutos o períodos similares, acompañadas eventualmente por actividad eléctrica, ráfagas y granizo.
Según las proyecciones incluidas en el informe, las tormentas con granizo podrían adquirir especial relevancia hacia finales de enero y durante febrero.
Otro elemento determinante será el estado del suelo. Durante la crisis meteorológica de marzo de 2026, algunos sectores de Tucumán acumularon más de 1.200 milímetros de precipitaciones en unos 70 días. Para enero próximo se plantea la posibilidad de encontrar terrenos altamente saturados, lo que reduciría significativamente su capacidad para absorber nuevas lluvias.
En esas condiciones, incluso una precipitación de intensidad moderada podría transformarse rápidamente en escorrentía superficial y dirigirse hacia canales, arroyos y ríos.
Las consecuencias tampoco serían iguales en toda la provincia. En el Gran Tucumán, el principal problema podría presentarse mediante anegamientos rápidos derivados de la concentración del agua sobre superficies urbanizadas e impermeabilizadas. Yerba Buena, por su pendiente y relación con las cuencas del piedemonte, podría experimentar importantes corrientes de agua sobre sus calles durante tormentas intensas.
En el sur provincial, en cambio, el riesgo presenta otras características. En sectores como La Madrid, vinculados a las cuencas de los ríos Marapa y Medina, la preocupación está centrada en posibles desbordes prolongados y en la lentitud con la que el agua puede abandonar la llanura después de precipitaciones importantes.
A estas condiciones naturales y territoriales se suma una debilidad señalada por Noriega: Tucumán carecería de una red estatal propia, continua y homologada capaz de monitorear todas las variables meteorológicas durante las 24 horas.
Entre las principales fuentes de información se encuentran los registros del Aeropuerto Internacional Benjamín Matienzo, homologados por el Servicio Meteorológico Nacional (SMN), y los datos obtenidos por la Estación Experimental Agroindustrial Obispo Colombres (EEAOC) mediante acuerdos con productores.
Para Noriega, la ausencia de una red más amplia de observación en tiempo real representa una dificultad a la hora de tomar decisiones frente a fenómenos de rápida evolución. Las imágenes satelitales constituyen una herramienta importante, pero pueden resultar insuficientes para anticipar determinadas situaciones meteorológicas locales que se desarrollan en lapsos muy breves.
Los especialistas también advierten que El Niño no debería transformarse en una explicación automática para cualquier futura inundación. Tucumán sufrió episodios graves sin la presencia de ese fenómeno climático. Entre los antecedentes mencionados se encuentran las inundaciones de La Madrid de 2000 y 2017 y la crisis registrada en marzo de 2026.
El riesgo surge de la combinación de las precipitaciones con las características actuales del territorio. La expansión urbana, la impermeabilización del suelo, canales construidos para una configuración territorial de décadas atrás y diferentes restricciones estructurales pueden amplificar las consecuencias de una tormenta intensa.
El anticipo de lo que podría ocurrir durante los próximos meses quedó reflejado en el temporal registrado ayer en Tucumán. La lluvia comenzó poco antes de las 16 y en poco tiempo provocó anegamientos, calles cubiertas de agua y dificultades para circular en diferentes sectores de San Miguel de Tucumán.
La provincia se encontraba bajo alerta amarilla del Servicio Meteorológico Nacional, que había anticipado tormentas localmente fuertes, precipitaciones abundantes en períodos cortos, actividad eléctrica, ráfagas y eventual caída de granizo.
Pese a los inconvenientes, Defensa Civil informó que hasta ese momento no se habían registrado daños materiales de consideración ni situaciones de gravedad. Desde el organismo señalaron que la cantidad de agua acumulada no alcanzó valores capaces de provocar consecuencias mayores y que las ráfagas tampoco tuvieron una intensidad particularmente elevada.
La vigilancia continuará debido a que el pronóstico anticipa nuevas precipitaciones. La inestabilidad también alcanzó sectores próximos a Tucumán: en La Candelaria, al sur de Salta y cerca del límite provincial, una intensa granizada llegó a cubrir parcialmente la Ruta Nacional 9.
Con El Niño avanzando hacia su etapa de mayor intensidad y la temporada estival por delante, el desafío para Tucumán no estará limitado a determinar cuánto puede llover. Los especialistas ponen el foco también en mejorar el monitoreo y las alertas tempranas, preparar la infraestructura y gestionar un territorio donde una tormenta intensa y de corta duración puede generar consecuencias muy diferentes según el grado de urbanización, la saturación de los suelos y la capacidad de los sistemas de drenaje.
Fuente: Contexto
