
Más de 158 millones de votantes estuvieron habilitados para acudir a las urnas este domingo. Las mesas de todo el país abrieron a las ocho, misma hora de Argentina. Con el 10% de los votos escrutados, el derechista Flávio Bolsonaro supera el 50% con una diferencia de casi 10 puntos sobre Lula da Silva . El resultado es imprevisible. Son las elecciones más ajustadas de la historia democrática del gigante sudamericano.
En esta cita, además de los principales, hay otros diez postulantes que no tienen oportunidad. Si hay balotaje los votos de ese grupo serán importantes para medir la oportunidad de los dos principales. También se vota por gobernadores, la renovación de la Cámara de Diputados y dos tercios del Senado.
El mandatario votó en San Pablo, en Sao Bernardo do Campo, donde se inició su carrera política. Lo hizo exhibiendo una bandera de Brasil y acompañado de su vice Geraldo Alckmin y su ex ministro de Hacienda, Fernando Haddad, candidato a la gobernación del Estado, y la ministra de medio ambiente, Marina Silva. Se mostró confiando y aseguró que ««los electores deberán elegir entre fortalecer el régimen democrático y la barbarie, entre el positivismo y el negacionismo, el crecimiento económico y retroceso, vamos a ver qué Brasil eligen los brasileños«.
El senador Bolsonaro, por su parte, sufragó inmediatamente después de la apertura de las mesas, en su distrito de Rio, y afirmó ante una nube de periodistas y cámaras que lo esperaban, que se propone «liberar al paìs», en alusión a su adversario presidencial. «Brasil necesita cambio para acabar con la era de atraso», postuló.
La elección se realiza con máquinas de votación, una tradición aquí que cumplió este años tres décadas de uso continuado, cuestionados solo y por primera vez por el anterior presidente Jair Bolsonaro.
Un problema que preocupó a los dos rivales es una abstención creciente, que habría perjudicado especialmente al mandatario debido a que, según los especialistas, la resistencia a votar se observa en los sectores de menores ingresos de hasta dos salarios. El conteo preliminar indicaba un 22 por ciento de ausentismo, superior a poco más del 20% registrado en las elecciones de 2022, que ya fue un récord desde el regreso de la democracia a este país.
En Brasil el voto es obligatorio, pero las sanciones son apenas simbólicas. La razón del desinterés es por las dificultades para cumplir con el presupuesto familiar lo que ha multiplicado las deudas para cuestiones básicas. Ocho de cada diez familias confrontan préstamos para cubrir sus necesidades básicas. Estos votantes no creen que pueda haber un cambio a su favor en adelante, no importa quién gane la compulsa. Ese escenario indicaría un voto castigo hacia la gestión de Lula .
La campaña de 2026 se caracteriza, precisamente, por la menor movilización desde el retorno a la democracia. Y es la primera sin debates entre las figuras principales.En una encuesta de Datafolha publicada este viernes, el 47% de los encuestados dijo que esta menos interesado en la contienda electoral. El oficialismo ha intentado resolver ese desafío con la convocatoria al voto de los mayores de 70 años, un sector conservador que adhiere al mandatario socialdemócrata, y no están obligados a sufragar como en Argentina.
A nivel geopolítico Estados Unidos ha hecho una apuesta total por la victoria del senador Bolsonaro, un dirigente que recibe los votos de su padre, Jair Bolsonaro, y tiene un vínculo vertical con la cancillería norteamericana. El secretario de Estado, Marco Rubio, le ha dado un público respaldo al postulante conservador y multiplicado los cuestionamientos a la gestión de Lula da Silva.
La Casa Blanca apunta un control sin fracturas de la región. Desde la llegada del presidente Donald Trump al poder, las siete elecciones presidenciales en el área concluyeron con la victoria de candidatos alineados con el gobierno estadounidense. Brasil es el plato fuerte de esa iniciativa. Es la segunda economía del hemisferio y expone una influencia verificable con fronteras con diez países del subcontinente.
Fuente: Clarín
