
Michael Douglas decidió este 2026 hacer impactantes revelaciones en su libro de memorias acerca de situaciones en su vida que se desconocían por completo a nivel público.
Tras conocerse que tuvo romances clandestinos con compañeras de elenco que ocultó durante décadas, ahora se sabe que el actor vendió drogas en un momento de su vida.
La situación, además, se sumó a dos circunstancias de las que se tenía información, pero que ahora trascendieron con mucho más detalles: sus fuertes adicciones y la enfermedad que lo dejó al borde de la muerte.
Las revelaciones de Michael Douglas: de vender drogas para pagar la universidad a estar al borde de la muerte
En el libro One Helluva Ride, el ganador del Oscar de 82 años retrató de su puño y letra cómo fue su vida cuando era chico y su padre, Kirk Douglas, una estrella de Hollywood.
El protagonista de Atracción fatal dijo que su infancia fue compleja debido a que su padre tenía un temperamento explosivo y lo maltrataba. “Pertenecía a la generación de los que pegaban, y cuando se enojaba, aprendí desde chico a mantenerme alejado y callado. Me volví tímido y precavido. Casi nunca sonreía ni me reía”, detalló.
Esa relación se mantuvo distante, incluso, cuando Michael tenía edad para ir a la universidad. En ese momento, relató el actor, su padre no le quiso pagar los estudios, sino que le dejó un fondo de 10 mil dólares para que “se arregle solo”.
Entonces, el actor tuvo una estrategia fuera de lo común para financiarse: se hizo traficante. Douglas contó que usó “dos preciosas valijas italiana de cuero suave” que su padre le había regalado en Navidad.
“Las llenaba con cuarenta y cuatro kilos de marihuana, que podía comprar a setenta y cinco dólares el kilo en California y vender a quinientos en Nueva York”, reconoció.
Douglas dijo que se “sentía culpable por su participación en la distribución de drogas”, pero que la época era fines de los 60 y principios de los 70. “Nadie necesitaba mi ayuda para conseguirlas”, expuso. Remarcó que solo hizo esto en dos oportunidades y, así, se graduó sin pedir préstamos ni tener deudas.
La otra situación en la que puso el foco en su libro fue el tema del consumo. Michael Douglas contó que en la Universidad de California pasó un tiempo largo consumiendo ácido lisérgico, en una primera época de experimentación. “Diría que, en un periodo de tres años, tomé LSD más de cien veces”, detalló.
La dependencia que le generó el consumo de cocaína llegó cuando ya era un actor que participaba activamente en los rodajes. Esto hizo crecer su adicción.
“Siempre había un miembro del equipo que te conseguía las drogas. Podía conseguirte cualquier cosa que quisieras. Solo tenías que ir al encargado de utilería o al coordinador de especialistas, o a quien fuera para la película que estuvieras filmando, y te conseguían lo que necesitabas”, reveló.
Con el tiempo, el consumo de Douglas se hizo cada vez más frecuente hasta que en 1992, durante su plena época de productor cinematográfico, se internó en una clínica de rehabilitación.
Su salud, además, fue motivo de una profunda reflexión acerca del momento en el que estuvo muy frágil. Fue cuando el cáncer lo dejó al borde de la muerte.
En 2010, le diagnosticaron cáncer de garganta en estadio 4 y pasó siete semanas sometiéndose a radioterapia y quimioterapia. Esto le implicaba permanecer completamente inmóvil mientras llevaba una máscara de malla termoplástica que se endurecía.
“Odié cada parte de aquello. Me sentía asfixiado, completamente impotente. Al principio el dolor era fuerte y soportable, pero a la tercera semana ya estaba en serios problemas”. En solo cuatro semanas perdió casi 20 kilos y su semblante estaba “pálido y demacrado”. “Tragar era difícil. A veces, imposible, y siempre tenía náuseas”, detalló.
A pesar del agotador tratamiento que hizo y que le salvó la vida, Douglas escribió que está agradecido de haber tenido esa enfermedad. “El cáncer me liberó. Es difícil hablar de esto, pero fue como un renacimiento. Mis prioridades cambiaron. Me enseñó lo que es la familia. Me hizo sentir un amor que nunca supe que existía. Empecé a ver todo con más claridad y optimismo, y me volví más consciente de cómo usaba mi tiempo”, cerró.
