
El celular de Mauricio Macri sonó el lunes a primera hora de la tarde. Karina Milei, del otro lado de la línea, saludó como si no hubieran pasado largos meses desde la última conversación. El ejercicio cotidiano del poder no ha cambiado ese sello lacónico de la hermanísima, por momentos exasperante para quienes pretenden densas argumentaciones políticas. No es el caso de Macri, que valora las charlas cortas. Hablaron 25 minutos. Karina le propuso inaugurar una fase distinta en la relación, de diálogo permanente y coordinación entre La Libertad Avanza y el PRO, tanto en el plano electoral como en la actividad parlamentaria. Aquellas palabras habrían sido una caricia para el ego de Macri en el pasado, pero hoy el expresidente parece inmune a las promesas. Debió digerir demasiados tragos amargos en los dos años y ocho meses que lleva Javier Milei en el poder.
“Para blindar el cambio hay que trabajar distinto y vos sabés que nosotros no queremos cogobernar”, le dijo el fundador del PRO. Es una propuesta que Macri hace desde que colaboró en la victoria de Milei en el balotaje frente a Sergio Massa. La secretaria general de la Presidencia se hizo la sorprendida: “Pero, Mauricio, ¿qué decís? si tenemos un montón de ministros de tu partido”.

La conversación tuvo algún pico de tensión, cuando ella le transmitió que no había motivos para ofenderse, que el Gobierno siempre había escuchado las sugerencias del PRO. Macri le respondió con sorna: le pidió que se pararan en cualquier esquina de Buenos Aires y consultaran a diez personas al azar para ver cuáles eran las respuestas.
Avanzaron, pese a todo, como les había implorado Diego Santilli en las charlas previas que mantuvo con ambos, por separado. Karina está embelesada con el accionar de Santilli desde la última campaña legislativa, cuando La Libertad Avanza se impuso al peronismo en la provincia de Buenos Aires tras el escándalo que involucró a José Luis Espert. Consumado el triunfo, lo nombró ministro del Interior y, luego, jefe de ministros. Santilli le habla siempre de que un mundo menos hostil es posible. Macri, que conoce los trucos de seducción de Santilli desde hace más de dos décadas, considera que peca de optimismo y pone un manto de sospecha sobre las verdaderas intenciones de los hermanos Milei. Sabe que, si no estuvieran en apuros, no lo convocarían.
Con reparos, Macri decidió volver a apostar unas fichas. Acordaron armar una mesa de diálogo, que se puso en marcha tres días más tarde, y abandonar las críticas cruzadas entre las fuerzas, que en algún momento hasta atravesaron límites muy sensibles. No será sencillo. No hay gente tan dócil en ninguna de las agrupaciones, empezando por Milei, que ha atacado al staff macrista en varias oportunidades. Pero, dicen, todo sea por un fin mayor: que el peronismo no vuelva a gobernar la Argentina, en ninguna de sus variantes, el próximo año.

No es solo eso, desde luego. También está en juego el trono porteño, que hoy ocupa Jorge Macri, quien ya anunció que irá por la reelección. Karina no perdió la ambición de darle pelea, aunque debió resignar a su delfín, Manuel Adorni, que cayó en desgracia por sus propias tropelías. Será parte de la negociación. Lo mismo que la candidatura a gobernador bonaerense y la posibilidad de que el PRO lleve o no un postulante propio a las presidenciales. Hoy el que se mueve en esa dirección es el economista Hernán Lacunza, que ha mantenido fuertes cruces con Milei en las redes sociales.
El modelo económico libertario está en pleno debate en el establishment. Algo huele mal y eso influyó para el acercamiento con el macrismo. Después de meses de promesas altisonantes sobre el crecimiento de la actividad, el presidente del Banco Central, Santiago Bausili, acaba de reconocer que crece más despacio que lo que le gustaría al equipo económico. Una frase prudente, y acaso necesaria, que contrasta con los augurios de Milei y Luis Caputo. En abril de 2025, el primer mandatario dijo que la economía iba a despegar “como pedo de buzo” y, en abril de este año, su ministro avisó que se venían “los mejores 18 meses que Argentina haya visto en las últimas décadas”. La inflación de julio dio 2,1% y cortó tres meses de tendencia a la baja. Milei había prometido que en agosto arrancaría con cero adelante. Otro error de cálculo y altanería.
El Círculo Rojo observa con moderación y se pregunta: ¿qué pasaría si la desconfianza con el proyecto libertario se acentuara? ¿qué ocurriría si esa porción del electorado que hoy no llega a fin de mes se vuelve definitivamente opositora? Hay quienes exploran caminos alternativos, en especial aquellos que reniegan de las opciones que ya asoman en el peronismo. El PJ puede estar en crisis y con Cristina Kirchner presa, pero jamás abandonará su voracidad por el poder.

El martes, el partido que fundó Perón volvió a dar muestras de ese instinto, cuando en el hotel Emperador se reunieron Axel Kicillof, Sergio Massa, Máximo Kirchner, Sergio Ziliotto, Ricardo Quintela, Gildo Insfrán, Gustavo Melella, Gerardo Zamora, Germán Martínez y José Mayans. Habían prometido un encuentro corto y duró casi cinco horas. Discutieron -y defendieron- las PASO y postergaron las diferencias cada vez más ostensibles, sobre todo entre Kicillof y Cristina, que estuvo representada por su hijo.
Una idea que se baraja en el peronismo (aunque no se abordó de lleno en la cumbre) es hacer una gran interna para potenciar al ganador y no perder vigor en un eventual balotaje. Kicillof está anotado. Quintela y Zamora tienen ganas. ¿Y Massa? Ni hablar, aunque -por supuesto- siempre dice que no lo tiene decidido. Las urgencias del peronismo son agitadas por dos motivos. Uno: a Milei se le estaría consolidando una imagen negativa muy alta. Dos: la aparición de varios outsiders, más allá de que ninguno se lanzó oficialmente a la carrera.
Entre ellos asoman el banquero Jorge Brito, el empresario de medios Daniel Hadad, el pastor Dante Gebel y hasta el economista Carlos Melconian. ¿Y si surgieran otros? No es el escenario que quiere el Gobierno, que -si fuera posible- elegiría a Kicillof como rival, aunque hoy los números que manejan en Balcarce 50 son apremiantes, incluso si en una segunda vuelta debieran enfrentar al gobernador bonaerense.

Milei se reunió con uno de esos outsiders, Hadad, el miércoles 5, a las 5 de la tarde en la Residencia de Olivos. La cita duró una hora y media. El diálogo fue de menor a mayor. El dueño de Infobae asistió con la excusa de invitar al Presidente a la presentación de un cortometraje que recrea con inteligencia artificial el encuentro de San Martín y Sarmiento. Milei agradeció y dijo que se le hacía difícil ir. Los mozos sirvieron café. Enseguida se zambulleron en la política y la economía.
El jefe de Estado le aseguró a su visitante que la economía argentina lleva 26 meses seguidos de crecimiento. Hadad no lo contradijo. Le reconoció que había hecho un trabajo importante en términos de ajuste y destacó varios puntos de su programa. Pero también habló de que debía venir una etapa de sintonía fina y la conversación se trabó. Milei, como siempre, se plantó: dijo que él trabaja para el equilibrio general y para que la gente se desarrolle por sí misma. “No me pidan a mí plata del Estado para incentivar a algún sector”, le dijo.
Los dogmas de Milei son férreos. No quiere que le hablen de microeconomía ni de políticas que puedan tener algún tinte populista. Llegó a decir que muchas veces le piden que haga cosas que rozan la ilegalidad. “Yo hago todo para que el capital privado pueda moverse libremente. No me pidan otra cosa”, insistió.
Los rumores sobre una posible candidatura presidencial de Hadad estaban en el aire. No podían eludirse y no se eludieron. El empresario confesó que algunos días se levanta con ganas de serlo y otros que no. Es decir, dejó abierta la puerta. Le habría hecho esta promesa a Milei: “Si llego a ser candidato, vos vas a ser el primero en saberlo”.
Milei se mostró indiferente y lanzó: “Quedate tranquilo, yo el año que viene voy a competir contra mí mismo”.
Por Santiago Fioriti
Fuente: Clarín
