
Crujirse los dedos en la oficina, estirarse y escuchar un chasquido en la rodilla, notar un crack en el cuello al girar la cabeza. Para millones de personas, estos sonidos son parte de la rutina diaria y, sin embargo, van acompañados de una pregunta que resuena desde la infancia: ¿será malo? La respuesta de los expertos es simple, aunque el mecanismo detrás del ruido es más complejo de lo que parece.
“Creo que es principalmente para liberarse del estrés. Es una especie de hábito que algunas personas encuentran un alivio del estrés o una distracción,” explica Ryan Richards, cirujano de mano de Banner Health. Para muchos, ese crujido se convierte en el gesto que acompaña la concentración, el nerviosismo o la simple costumbre.
Qué es realmente ese sonido
Lo primero que hay que aclarar es que el ruido no proviene de huesos chocando ni de algo que se sale de lugar. Las articulaciones contienen un líquido llamado sinovial que actúa como lubricante. Cuando se mueve la articulación de forma rápida o forzada, sucede algo específico en su interior.
“La articulación tiene naturalmente una presión negativa que mantiene unidos los dos huesos como una ventosa,” detalla Richards. “Al crujir los nudillos, la presión negativa aumenta aún más.”
Ese aumento de presión negativa provoca que burbujas de gas —principalmente nitrógeno— salgan del líquido sinovial con rapidez. Este fenómeno se conoce como cavitación y es lo que genera el característico chasquido.
“¿Sabes cuando jalas una ventosa y hace un ruido seco? Algo de eso también ocurre. Se separan dos cosas que ya están bajo presión negativa y, cuando finalmente se separan, se produce este ruido causado por la liberación de la succión,” ejemplifica el cirujano.
Después de crujir un nudillo, pueden pasar unos 20 minutos antes de poder volver a hacer crujir la misma articulación. Las burbujas de gas tardan en formarse nuevamente.
El mito del daño y la artrosis
Décadas de conversaciones de abuelas, consejos de amigos y advertencias médicas han perpetuado la creencia de que crujirse los dedos causa artrosis. Pero la evidencia científica desautoriza ese temor.
“Para la mayoría de las personas, es totalmente seguro. No causa artritis,” sostiene Richards. “Tendría que ser extremadamente agresivo y hacer algo realmente fuera de lo común para causar daño.”
Un estudio publicado en The Journal of the American Board of Family Medicine analizó a más de 200 personas mayores y no encontró relación alguna entre crujirse los dedos y la presencia de artrosis en las manos. El mito no tiene base científica.
Sin embargo, existe una matiz importante: hacerlo de forma compulsiva o agresiva podría irritar los tejidos blandos que rodean la articulación —ligamentos y tendones—, causando molestia temporal.
Cuándo sí debes preocuparte
Los chasquidos sin dolor no suelen ser un problema. Pero hay señales que ameritan consulta profesional: dolor persistente al cruzar los dedos, hinchazón o enrojecimiento en las manos, dificultad para sostener cosas o rigidez articular.
Estos síntomas podrían indicar condiciones como artritis, lesión meniscal, o dedo en gatillo —cuando un dedo se atasca y no se abre con fluidez.
“Si sus nudillos chasquean y se atascan, podría ser un dedo en gatillo. Puede cerrar el puño y uno de sus dedos se abre repentinamente después de los demás,” advierte Richards.
Un profesional de salud puede realizar un examen físico y solicitar pruebas de diagnóstico para determinar qué provoca los síntomas.
Lo que importa es el movimiento
El sonido de las articulaciones no define su salud. Lo que importa es mantener el movimiento, controlar el peso, fortalecer la musculatura y cuidar la postura. Los hábitos adoptados en la juventud determinan la calidad de vida articular en el futuro.
Crujirse los dedos no es enemigo de ese objetivo. Simplemente, no es enemigo de nada.
