
Mientras los focos apuntan a Lionel Messi, Emiliano Martínez o Lionel Scaloni, hay una figura que desde hace más de dos décadas forma parte de la intimidad de la Selección Argentina. Se trata de Diego Iacovone, el cocinero de la AFA que llegó al predio de Ezeiza en 1999 y que, desde entonces, estuvo presente en cada proceso de la Albiceleste. Hoy es uno de los personajes más queridos puertas adentro del plantel y el responsable de los tradicionales asados que reúnen a los futbolistas antes de los partidos.
La historia de Iacovone comenzó casi por casualidad. Después de trabajar en hoteles del norte argentino, en distintos establecimientos gastronómicos de Buenos Aires e incluso cocinar para diplomáticos mientras se desempeñaba en la entonces Secretaría de Inteligencia del Estado, presentó su currículum en la AFA cuando surgió la necesidad de incorporar un cocinero. El momento coincidió con la llegada de Marcelo Bielsa como entrenador de la Selección y su primer gran desafío fue la Copa América de Paraguay 1999. Nunca más dejó de viajar con el equipo.
Desde entonces acompañó a todos los entrenadores que pasaron por la Selección mayor. José Pekerman, Diego Maradona, Alejandro Sabella, Jorge Sampaoli y Lionel Scaloni compartieron sus comidas durante concentraciones y competencias internacionales. Esta Copa del Mundo es su séptima participación mundialista, una marca que pocos integrantes de la estructura de la AFA pueden igualar.
Aunque su nombre quedó asociado a los asados. En el predio de Ezeiza prepara desde guisos y pastas caseras hasta hamburguesas y las famosas milanesas a la napolitana con papas fritas que, según contó, son una de las comidas preferidas de Messi porque le recuerdan a las que hacía su mamá, Celia. Durante el Mundial de Qatar 2022 incluso la AFA trasladó parrillas especialmente preparadas para la concentración y envió más de dos toneladas de carne para que el plantel pudiera mantener una de sus costumbres.
Quienes lo conocen aseguran que su mayor virtud no está solamente en la cocina. Iacovone suele repetir que nunca le gusta que falte comida y que, cuando sobra algo después de un asado, prefiere compartirlo con los trabajadores del predio antes que desperdiciarlo. Ese perfil sencillo, explica por qué dejó de ser únicamente el cocinero de la Selección para convertirse en uno de esos personajes imprescindibles que ayudan a que el plantel se sienta en casa, sin importar en qué parte del mundo le toque competir.

