
El papa Francisco recibió el alta nueve días después de haber sido operado de una hernia abdominal y regresó al Vaticano, donde su evolución será vigilada de cerca ante un verano con una agenda muy cargada.
El jesuita argentino salió en silla de ruedas y con una sonrisa de oreja a oreja del Policlínico Gemelli, donde lo esperaba una multitud de feligreses y periodistas en las puertas.
“Todavía vivo”, respondió a una periodista que le preguntó cómo se sentía. Rodeado de una multitud, se entregó a algunos saludos y agradecimientos antes de subirse a su Fiat 500 blanco, bajo un fuerte dispositivo de seguridad.
La agenda apretada del Papa Francisco
El sumo pontífice, de 86 años, canceló todas sus audiencias hasta el 18 de junio.
En enero, el papa dejó entender que todavía padecía problemas causados por divertículos, hernias o bolsas que se forman en las paredes del aparato digestivo. Pese a todos estos contratiempos médicos, Francisco mantiene una agenda apretada y un ritmo de actividad dinámico. A veces llega a encadenar diez reuniones en una sola mañana.
Además, en los próximos meses tiene planificados varios desplazamientos.
En agosto prevé viajar a Portugal con motivo de las Jornadas Mundiales de la Juventud (JMJ), en Lisboa, donde tiene unos veinte actos programados y 11 discursos.
Al mes siguiente tiene previsto un viaje a Mongolia y una misa multitudinaria en Marsella, en el sur de Francia, el 23 de septiembre.
