
En 2023, Nuria estaba embarazada cuando perdió su trabajo y quedó sin obra social. Tenía una tarjeta de crédito, un préstamo que había pedido para invertir en un emprendimiento y gastos que no podían esperar. Lo poco que generaba debía ir al alquiler y la comida. Las deudas quedaron para después.
“Ahí empezó todo”, recuerda. Hoy tiene 26 años, una hija de dos y volvió a tener un sueldo fijo, pero aquellas obligaciones siguen pendientes y crecieron con los intereses. Su caso es una de las caras de un problema que atraviesa especialmente a los más jóvenes.
El mapa de la deuda en Tucumán puso un dato sobre la mesa: los jóvenes aparecen entre los sectores más vulnerables. La informalidad laboral, los ingresos insuficientes y el acceso rápido a nuevas formas de crédito forman parte de ese escenario. Pero detrás de los números hay otra pregunta: ¿en qué se endeudan?
Las historias de Ana Paula, Nuria, Emiliano y Nazarena muestran que no existe una única respuesta. Pero también revelan algo en común: cuando los ingresos dejan de alcanzar, pagar una obligación puede significar postergar otras.
Un emprendimiento que terminó en una deuda
Ana Paula García tiene 23 años y es estudiante de Bioquímica en la UNT. Hace dos años decidió independizarse y a asumir sus propios gastos cotidianos.
Invirtió en materiales para un emprendimiento de uñas, pero la apuesta no funcionó como esperaba: no tuvo suficientes clientas y las cuotas continuaron.
En julio de 2025 tenía cuotas de alrededor de $180.000. Un año después, entre intereses y la imposibilidad de cancelar el monto, la deuda ronda los $800.000.
Mientras paga la tarjeta, también debe afrontar transporte para ir a la facultad, comida, gastos personales y parte de los servicios. Con el tiempo, además, empezó a recurrir a préstamos en billeteras virtuales para resolver situaciones cotidianas para las que no tenía dinero disponible: volver a su casa en Uber de noche o cubrir un almuerzo.
La facilidad para pedir esos préstamos terminó siendo parte del problema. Cuando las obligaciones comenzaron a acumularse, también recurrió a nuevos préstamos para pagar las deudas anteriores.
Perder el trabajo, estar embarazada y dejar de pagar
Para Nuria Anastasio, las deudas están atravesadas por una sucesión de situaciones que hicieron cada vez más difícil ponerse al día. Estudia el Profesorado de Música y mantiene junto a su pareja un emprendimiento de ropa y accesorios para bebés.
Una de sus deudas nació de un préstamo al banco que pidió para invertir en ese proyecto. Otra corresponde a la tarjeta de crédito, que utilizaba principalmente para supermercado y farmacia.
Cuando perdió su trabajo en 2023, estaba embarazada y además quedó sin obra social. Lo que ingresaba por el emprendimiento debía destinarse al alquiler y la comida, por lo que dejó de pagar el banco y la tarjeta.
Calcula que el préstamo bancario hoy ronda $1,8 millones o más. En Naranja, una deuda que estaba alrededor de $300.000 pasó a un estudio jurídico y actualmente estima que se acerca a los $800.000 o $900.000.
