
La morosidad de las familias argentinas alcanzó el 12,8% en mayo y mantiene una tendencia ascendente, según el último Informe sobre Bancos del Banco Central. El aumento de los incumplimientos, la caída del consumo y el elevado costo del financiamiento muestran que numerosos hogares agotaron su capacidad de tomar crédito y ahora intentan ordenar las obligaciones acumuladas durante los últimos meses.
“El desafío ya no es conseguir un préstamo o comprar con tarjeta, sino administrar esas herramientas sin comprometer la economía familiar”, explicó Ariel Mamaní, fundador de Inverarg, una empresa orientada a acercar el mundo de las inversiones al público general.
El especialista advirtió que endeudarse se volvió cada vez más sencillo, pero cancelar las obligaciones puede resultar considerablemente más difícil. En un contexto de tasas elevadas, una deuda costosa puede crecer a mayor velocidad que el rendimiento obtenido mediante instrumentos tradicionales de ahorro.
Por ese motivo, Mamaní considera que, para quienes tienen capacidad de decidir, cancelar primero los compromisos con intereses altos puede representar un beneficio económico mayor que mantener ese mismo dinero invertido.
Uno de los principales riesgos es limitarse a pagar el mínimo de la tarjeta de crédito. Esa opción evita caer inmediatamente en incumplimiento, pero el saldo restante continúa acumulando intereses y puede convertir una compra de bajo valor en una deuda prolongada.
Siempre que los ingresos lo permitan, cancelar el importe completo del resumen es la alternativa más conveniente para evitar el arrastre de saldos y el crecimiento de los intereses.
El consultor también recomendó evitar los préstamos ofrecidos por particulares o plataformas que funcionan fuera del sistema financiero regulado. Esos canales suelen aplicar costos más elevados que las entidades bancarias y ofrecen menos controles y garantías para quienes solicitan dinero.
El primer paso para recuperar el control consiste en elaborar un diagnóstico completo. La familia debe identificar todas sus deudas, los montos pendientes, las tasas aplicadas y las fechas de vencimiento.
Esa información permite establecer prioridades y elegir una estrategia compatible con los ingresos disponibles. Entre las alternativas más utilizadas se encuentran los métodos conocidos como “bola de nieve” y “avalancha”.
La estrategia de bola de nieve consiste en cancelar primero la deuda más pequeña mientras se mantienen los pagos mínimos de las restantes. Una vez eliminada la primera obligación, el dinero liberado se suma a la cuota de la siguiente.
Este mecanismo no siempre es el más eficiente en términos estrictamente financieros, pero puede ayudar a sostener la motivación porque permite observar resultados concretos en menos tiempo.
El método avalancha propone priorizar la deuda con la tasa de interés más alta. Todos los recursos adicionales se destinan a esa obligación y, después de cancelarla, se trasladan a la siguiente más costosa.
Esta segunda alternativa permite reducir la cantidad total de intereses pagados y disminuir el costo final del endeudamiento.
Ninguna de las dos estrategias es adecuada para todos los hogares. Según Mamaní, la opción más efectiva será aquella que cada familia pueda mantener de manera constante, ya que la continuidad resulta tan importante como el cálculo económico.
Cuando el total de las cuotas supera la capacidad mensual de pago, una posibilidad es refinanciar o consolidar varias deudas mediante un solo préstamo con una cuota menor.
Esa solución puede aliviar el presupuesto inmediato y evitar la mora, pero no necesariamente genera un ahorro. La extensión de los plazos suele incrementar el monto total que deberá pagarse.
Antes de aceptar una refinanciación, no alcanza con comparar el valor de la nueva cuota. También deben revisarse la tasa, los gastos adicionales, la duración del préstamo y la suma final que se abonará.
Administrar correctamente una deuda no implica abandonar por completo el crédito, sino comprender cuánto cuesta, para qué se utilizará y qué proporción de los ingresos futuros quedará comprometida.
En una economía donde el financiamiento ocupa un lugar cada vez mayor en los consumos cotidianos, la diferencia entre una deuda sostenible y un problema financiero no depende únicamente de la cantidad solicitada. La planificación, las condiciones del préstamo y la capacidad real de pago resultan determinantes.
El deterioro financiero tampoco comienza recién con el primer incumplimiento. Suele iniciarse antes, cuando el hogar pierde de vista el costo real de sus obligaciones y utiliza nuevos créditos para cancelar consumos o deudas anteriores.
