
Olivia Nuss atraviesa uno de esos momentos en los que una carrera empieza a tomar velocidad. Después de protagonizar Cromañón, donde interpretó a Malena y recibió nominaciones a Mejor Actriz en los Premios Cóndor de Plata, PRODU y Martín Fierro Cine, la actriz tuvo por delante dos desafíos que la llevan a territorios muy diferentes: se pone en la piel de Sofía Gala, la hija de Moria Casán, en Moria; y también interpreta a una joven montonera en los años 70 en Ritorno a Buenos Aires, la película de Marco Bechis que llegará al Festival de Venecia.
En paralelo, Nuss continúa ampliando una carrera que no se limita a la actuación. También dirigió cortometrajes que fueron reconocidos en festivales de Francia, España y Brasil y que le permiten sostener una mirada que va y viene entre ambos lados de la cámara.
Uno de sus trabajos más destacados es Sofía, ganador del festival La Mujer y el Cine 2025 y distinguido en París con el Premio Cinema de Femmes 2025.
“Desde que tengo memoria quiero ser actriz”, cuenta en diálogo con TN Show. Ella no recuerda un momento puntual en el que haya tomado esa decisión. Más bien, siente que siempre estuvo ahí: desde chica fantaseaba con actuar, aunque no pudiera explicar exactamente de dónde venía ese deseo.
La confirmación llegó de alguna manera cuando aceptó protagonizar Cromañón. En ese momento estudiaba cine y asumir el proyecto significaba poner en pausa los estudios. “Irme a grabar Cromañón implicaba capaz dejar la carrera”, recuerda. Sin saberlo del todo, aquella decisión también significó elegir la actuación como profesión.
Después de Cromañón, llegaron las nominaciones, nuevos proyectos y una mayor exposición. Pero Nuss también empezó a descubrir una de las partes menos visibles de la profesión: la espera.
“Lo más difícil de la profesión, o lo que estoy entendiendo ahora, es manejar los momentos de pausa”, reconoce. La actriz señala que la falta de continuidad es una característica de un oficio en el que pocos logran trabajar de manera constante, especialmente en un contexto de menor producción de ficción.
Sin embargo, encontró una manera de mirar esos períodos desde otro lugar. Después de pasar meses metida en la piel de un personaje, la pausa también puede ser el momento de volver a una misma.
“Son los momentos donde uno vuelve a uno. Después de muchos meses de estar metida en la piel de otro personaje, toca el momento de volver a vos”, explica. Y admite que ese regreso también puede resultar difícil.
Lo que más disfruta, en cambio, ocurre durante el encuentro con otros actores. Nuss recuerda una enseñanza de Alejandro Catalán que hizo propia: “La actuación te la da el otro”. Para ella, los momentos más gratificantes son aquellos en los que un compañero logra devolverle algo que desconocía de sí misma y la lleva a un lugar inesperado.
Ponerse en la piel de la hija de Moria Casán
Uno de sus nuevos desafíos fue interpretar a Sofía Gala en Moria. La propuesta la enfrentó a un personaje real, conocido por todos y, al mismo tiempo, lleno de zonas íntimas que el público desconoce.
“Lo primero que pensé fue qué genial y qué nervios a la vez”, cuenta. Para Nuss, se trató de uno de esos desafíos que aparecen como un sueño dentro de una carrera.
El trabajo comenzó mucho antes de ponerse frente a las cámaras. Como el rodaje ya había comenzado cuando todavía no le tocaba grabar, tuvo cerca de un mes para estudiar el archivo televisivo de Moria y Sofía. Miró una y otra vez sus apariciones para encontrar gestos, movimientos y energías.
Pero había una dificultad central: no quería imitar a Sofía, sino encontrar su esencia.
“Inevitablemente uno quiere parecerse lo más posible, pero es súper importante recordar que no estás intentando imitar a una persona, sino captar algo de su esencia y después interpretarla”, explica.
El desafío era todavía mayor porque la serie no se limita a reconstruir aquello que el público conoce de las figuras mediáticas. También se mete en momentos íntimos, donde no existe un archivo que indique exactamente cómo se comportaría el personaje.
Para construirlo trabajó con su coach vocal, Mariana Guerrero; su coach actoral, Laila Uchausky; y también con el director Jaime Coutard, quien encontró espacios en medio de su agenda para trabajar con ella.
La lección que intentó robarle a Sofía Gala
Nuss no llegó a conocer a Moria antes del rodaje. El encuentro ocurrió después. Sin embargo, encontró una característica de Sofía que decidió incorporar a su interpretación: una aparente falta de preocupación por la mirada ajena.
“Para mí Sofía tiene una honestidad y una transparencia que admiro mucho”, explica. Lo que más le llamó la atención fue esa sensación de que no busca permanentemente la aprobación de los demás.
Llevar esa actitud al set se convirtió incluso en un ejercicio personal. Como actriz, Nuss está acostumbrada a preguntarse si hizo bien una escena, si gustó su trabajo o qué pensarán quienes están detrás de cámara. Para interpretar a Sofía intentó correrse de ese lugar.
“Intenté con todas mis fuerzas, cuando actuaba y estando en set, tratar de tomar esa energía de Sofía y decir: ‘Voy a intentar que no me importe si les parece a los técnicos que lo hice bien o mal’”, cuenta.
Y reconoce que la experiencia trascendió al personaje: es algo que ahora intenta aplicar también en su propia vida.
Actriz y directora: dos caminos que no quiere abandonar
La actuación no desplazó su interés por la dirección. Al contrario: Nuss estudió cine en la ENERC y se formó además con Nora Moseinco y Julio Chávez. Sus cortometrajes le permitieron participar en festivales internacionales y obtener reconocimientos.
Por ahora siente que ambas disciplinas aparecen por etapas. Hubo un momento en que estaba más enfocada en dirigir; hoy la actuación ocupa el centro, pero ya empieza a sentir nuevamente “la semillita” de nuevas ideas.
No imagina tener que elegir. “Me parece que en algún momento me aburriría de una o de la otra”, admite. Por eso apuesta a construir una carrera en ambas profesiones.
A los 33 años, Nuss parece estar entrando en una etapa en la que ya no tiene que elegir entre una cámara y otra. Puede ponerse delante de ella para convertirse en alguien más o detrás para construir sus propias historias. Y quizás ahí esté una de las claves de su recorrido: la capacidad de cambiar de piel sin dejar de conservar una mirada propia.
