
El nacimiento de David esta semana en San Nicolás volvió a poner sobre la mesa una pregunta que hasta hace algunas décadas tenía una respuesta muy diferente: ¿hasta qué edad puede una mujer ser madre? Su mamá, Mabel, tiene 62 años, atravesó un embarazo que sus médicos describieron como normal y se convirtió en la mujer de mayor edad de la Argentina de la que se tenga registro en dar a luz.
El caso es excepcional, pero médicamente posible. La clave está en uno de los avances que más modificaron los límites de la fertilidad: la posibilidad de separar la edad de los óvulos de la edad de la mujer que lleva adelante el embarazo.
“Después de la menopausia, una mujer ya no dispone naturalmente de óvulos capaces de generar un embarazo y tampoco tiene los ciclos hormonales necesarios para preparar el endometrio. Pero el útero no necesariamente pierde su capacidad de alojar un embarazo”, explicó a TN Agustín Pasqualini, presidente de la Sociedad Argentina de Medicina Reproductiva.
En esos casos, la reproducción asistida permite utilizar un óvulo donado por una mujer más joven —o un embrión previamente generado— y preparar el endometrio de la receptora mediante estrógenos y progesterona para posteriormente realizar la transferencia.
“Técnicamente, es posible lograr un embarazo muchos años después de la menopausia. Pero que podamos lograr el embarazo no significa que hayamos rejuvenecido a la mujer que lo va a llevar adelante. Y esa diferencia es fundamental”, remarcó Pasqualini.
En la misma línea, Juan Pablo Comas, jefe de Obstetricia del Hospital Británico, explicó a TN que los avances en reproducción asistida hicieron posible que estos embarazos ocurran, pero advirtió que requieren un abordaje diferente. “El embarazo después de los 50 años no es imposible, pero tampoco debe considerarse un embarazo convencional; requiere una evaluación preconcepcional exhaustiva y un seguimiento especializado e individualizado”, sostuvo.
Antes de iniciar un tratamiento, señaló, no alcanza con evaluar las posibilidades reproductivas. Es necesario estudiar el estado general de la mujer, con especial atención a la presión arterial, el riesgo cardiovascular, la función renal, la glucemia y otros factores metabólicos y tromboembólicos. La situación de cada paciente, además, debe analizarse de manera individual.
Juan Pablo Comas explicó que en el Hospital Británico reciben con cierta frecuencia embarazos por encima de los 45 años y algunos alrededor de los 50. En esos casos, el seguimiento pone especial atención en detectar alteraciones que pueden aparecer durante la gestación.
“Muchas veces la mujer se entera por primera vez de que tiene hipertensión cuando viene a la primera consulta porque quizás no se hizo una evaluación exhaustiva antes del tratamiento”, indicó el experto. En esas situaciones, el seguimiento obstétrico se realiza junto con otras especialidades, como Cardiología.
La evidencia científica muestra justamente esas dos caras. La American Society for Reproductive Medicine (ASRM) sostiene que la ovodonación permite sortear buena parte de la caída de la fertilidad asociada al envejecimiento de los óvulos y recuperar la posibilidad de embarazo más allá de la menopausia. En estos tratamientos, las tasas de nacimientos por transferencia embrionaria pueden superar el 50%.
Un estudio que siguió a más de 100 mujeres de 50 años o más que quedaron embarazadas mediante ovodonación mostró que, en algunos aspectos, sus embarazos no tuvieron más complicaciones que los de mujeres más jóvenes que habían recurrido al mismo tratamiento. Sin embargo, había una condición importante: todas habían sido evaluadas previamente para determinar que su estado de salud les permitía afrontar una gestación.
Es este sentido, queda claro que la ovodonación no consigue borrar por completo el efecto del tiempo. Un trabajo presentado en 2026 en el congreso de la European Society of Human Reproduction and Embryology (ESHRE) analizó embarazos con óvulos donados y encontró que a partir de los 50 años disminuye la tasa de nacimientos y aumenta la de abortos espontáneos.
El dato ayuda a entender el límite actual de la ciencia: un óvulo joven puede reducir el impacto de la edad genética materna, pero no convierte en joven al organismo que debe sostener nueve meses de embarazo.
Entre los riesgos que aumentan a edades muy avanzadas aparecen los trastornos hipertensivos, la diabetes gestacional, las complicaciones cardiovasculares, los problemas de crecimiento fetal y la necesidad de cesárea. La ASRM advierte que esas complicaciones aumentan especialmente después de los 45 años y son todavía mayores a partir de los 50.
Comas agregó que también puede aumentar la frecuencia de preeclampsia, parto prematuro, hemorragia posparto y necesidad de finalizar anticipadamente el embarazo por indicación médica.
Sin embargo, hizo una aclaración importante: tener más de 50 años no determina por sí solo que el nacimiento deba ser por cesárea. “Aquella mujer que llega al término con un feto sano, que creció bien y no tuvo ninguna complicación, también la acompañamos para que pueda tener su parto natural”, señaló.
Para el especialista, que la medicina reproductiva haya conseguido extender la posibilidad de ser madre tampoco debería interpretarse como que la edad dejó de importar.
“No hay que creer que, como es factible quedar embarazada a los 50, entonces puedo relajarme y tomar la decisión de encarar el embarazo más adelante porque hoy se puede”, advirtió el médico y concluyó: “El éxito del embarazo y los mejores resultados están en edades más jóvenes”.
¿Qué pasa con los chicos después del nacimiento?
Para Evangelina Cueto, médica pediatra especialista en adolescencia y consultora en Crianza, también es importante separar los riesgos del embarazo de lo que ocurre después.
“Una vez superados el embarazo y el parto, no podemos afirmar que un niño nacido de una madre de más de 50 o 60 años vaya a tener, por la edad materna en sí misma, una evolución diferente de la de otros chicos”, explicó a TN.
En los embarazos por ovodonación, precisó, el riesgo de alteraciones cromosómicas está relacionado principalmente con la edad de quien aportó el óvulo, mientras que la edad y la salud de la gestante influyen sobre el desarrollo del embarazo.
Cueto remarcó además que existen muy pocos nacimientos de mujeres de alrededor de 60 años como para obtener conclusiones definitivas sobre el desarrollo de esos chicos a largo plazo. Después del nacimiento entran en juego la salud neonatal, los vínculos, los cuidados, las redes de apoyo y las condiciones familiares y sociales.
“La edad materna es una variable más dentro de una historia mucho más compleja”, sostuvo la especialista. Y planteó que los avances médicos también obligan a revisar ideas históricamente rígidas sobre la maternidad y la conformación de las familias.
