
“Podemos hacer esto por las buenas o por las malas. O estas emisoras buscan la manera de cambiar la conducta, de actuar francamente respecto a (Jimmy) Kimmel, o la FCC tendrá trabajo extra por hacer”, comentó Brendan Carr, titular de la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC sus siglas en inglés), un ente parecido al Comité Federal de Radiodifusión, en Argentina. “Ellos (la caden ABC, de la que Disney es dueña) tienen una licencia garantizada por la FCC, y eso viene con la obligación de operar en el interés público”, sumó Carr.
Qué dijo. Jimmy Kimmel tiene un programa nocturno de humor político en la cadena ABC –propiedad de Disney–desde 2003. Allí dijo: “El fin de semana tocamos fondo con los MAGA intentando desesperadamente caracterizar al chico que asesinó a Charlie Kirk como algo más que uno de ellos, y haciendo todo lo posible para sacarle partido político”, dijo Kimmel. “Y entre las acusaciones, hubo duelo”. Acto seguido, reprodujo un video donde, consultado por un pediodista de la Casa Blanca sobre cómo estaba por la muerte de Kirk, Trump responde: “Creo que muy bien. Y, por cierto, ahí llegaron todos los camiones que van a trabajar en la remodelación del salón de baile (de la Casa Blanca)”. La escena termina con una reflexión irónica de Kimmel: “(Trump) está en la cuarta etapa del duelo: la construcción (…) Esa no es la forma en la que un adulto llora la muerte de alguien a quien consideraba amigo, sino como un niño de 4 años llora la muerte de un pez dorado”.
Doblegado. En un Estados Unidos cuya sociedad es una olla a presión por estallar, lo hecho por Jimmy Kimmel no pasó desapercibido. La presión pública de Brendan Carr aceleró la decisión de la emisora ABC de sacar de su pantalla “indefinidamente” el Jimmy Kimmel Live!, después de casi veintidós años al aire. El otro factor fue que la red Nexstar, que controla la mayor parte de los canales afiliados que difunden la programación de ABC en Estados Unidos, informó do que sacaría de su grilla el Jimmy Kimmel Live!.
“Los comentarios del Sr. Kimmel sobre la muerte del Sr. (Charlie) Kirk son ofensivos e insensibles en un momento crítico del discurso político nacional, y no creemos que reflejen el espectro de opiniones, puntos de vista o valores de las comunidades donde operamos”, declaró Andrew Alford, presidente de la división de radiodifusión de Nexstar. “Seguir ofreciendo al Sr. Kimmel una plataforma de difusión en las comunidades a las que servimos, no favorece el interés público en este momento, y hemos tomado la difícil decisión de interrumpir su programa para que prevalezca la serenidad mientras avanzamos hacia la reanudación de un diálogo respetuoso y constructivo”, agregó el directivo de Nextsar.
Trump, feliz. Esta decisión fue celebrada por el mencionado Brendan Carr quien en X agradeció a Nexstar “por hacer lo correcto”. Se rumores que Nexstar buscaría con esa medida contra Jimmy Kimmel que la FCC que preside Carr no sea un obstáculo en la aprobación de una fusión que dicha empresa necesita para ampliar su negocio de radiodifusión, medios digitales y marketing. Quien también festejó que Disney dejará sin pantalla en ABC al popular humorista fue Donald Trump. “El Jimmy Kimmel Show, que ha tenido problemas de audiencia, fue cancelado. Felicitaciones a ABC por finalmente tener el coraje de hacer lo que se tenía que hacer. Esto deja a Jimmy (Kimmel) y Seth, (Mayers), dos máximos perdedores, en Fake News NBC”, posteó en redes el mandatario.
Paradoja. En la entrega de los premios Emmy del 20 de septiembre último, el guionista Daniel O’Brien agradeció el premio “por poder escribir sátira política nocturna mientras todavía es un tipo de programa que se permite existir en la televisión”. Cuatro días después eso, Trump, su funcionario Brendan Carr, Bob Iger –de Disney–, y Andrew Alford –de Nexstar–, le demostraron que quizá ya no existan.
Y así como los CEO de Silicon Valley se sintieron ofendidos al ser caricaturizados por una famosa ilustradora como lacayos rastreros de Trump, la censura que Disney aplicó a Kimmel sumada a la reacción de CEO de medios, habilita la reedición de esa caricatura que The New York Times se negó a publicar, cambiando las caras de Tim Cook, Jeff Bezos, Elon Musk,o Sundar Pichai, por la de, por ejemplo, Bob Iger, CEO de Disney.
