
Casi todos lo hicieron alguna vez durante la infancia: girar una y otra vez sobre uno mismo hasta sentir que todo alrededor seguía moviéndose. Después llegaban el mareo, las risas y, durante unos segundos, la dificultad para caminar en línea recta.
Aunque parece una simple diversión, este tipo de movimiento estimula el sistema vestibular, encargado de detectar los movimientos y la posición de la cabeza. La información que recoge se integra en el cerebro con señales de la vista y otras partes del cuerpo para contribuir al equilibrio y la orientación.
Qué es el sistema vestibular y qué función cumple
El sistema vestibular se encuentra en el oído interno y está formado por estructuras capaces de detectar los movimientos de la cabeza, incluidos los giros y los cambios de velocidad.
A partir de esas señales, el cerebro puede determinar cómo se mueve y orienta el cuerpo en el espacio. Este sistema participa en el mantenimiento del equilibrio, la estabilidad de la postura y la coordinación de los movimientos de los ojos y la cabeza.
Durante la infancia, las experiencias relacionadas con el movimiento forman parte del desarrollo de las habilidades motoras. Correr, saltar, balancearse o girar exponen al cuerpo a diferentes estímulos que debe aprender a procesar.
Por qué a muchos chicos les gusta girar sobre sí mismos
Los juegos infantiles suelen incluir movimientos que estimulan intensamente el sistema vestibular. Las calesitas, las hamacas y los giros son algunos de los ejemplos más habituales.
Entre las actividades que generan este tipo de estímulos están:
.Girar sobre sí mismos.
.Hamacarse y balancearse.
.Dar vueltas en calesitas.
.Rodar por el pasto o sobre una superficie segura.
.Correr, saltar y cambiar de dirección durante el juego.
Estas actividades también involucran otros sistemas sensoriales y motores, por lo que ayudan a los chicos a explorar las posibilidades de movimiento de su cuerpo y relacionarse con el entorno.
Qué capacidades intervienen durante estos movimientos
El sistema vestibular trabaja junto con la visión y la propiocepción —la capacidad de percibir la posición y el movimiento del propio cuerpo— para mantener el equilibrio y coordinar las acciones.
Los movimientos cotidianos y el juego activo participan en el desarrollo de capacidades como:
.Equilibrio y estabilidad postural.
.Coordinación de los movimientos corporales.
.Orientación espacial.
.Coordinación entre la vista y el movimiento de la cabeza.
.Desarrollo de diferentes habilidades motoras.
Estas capacidades resultan importantes para acciones tan variadas como caminar, correr, andar en bicicleta o practicar deportes.
No hace falta marearse para estimular el sistema vestibular
Que girar active el sistema vestibular no significa que sea necesario hacerlo hasta marearse para favorecer el desarrollo. El mareo aparece precisamente porque los movimientos intensos alteran temporalmente las señales que intervienen en la percepción del equilibrio.
Los chicos pueden recibir este tipo de estímulos mediante diferentes formas de movimiento y juego activo, como correr, saltar, hamacarse, trepar o cambiar de dirección.
Por eso, más que buscar el mareo, lo importante es que durante la infancia existan oportunidades para jugar y explorar distintos movimientos de manera segura, de acuerdo con la edad y las capacidades de cada chico.
