
El trauma puede ir desde un cuerpo extraño ocular (el más común) hasta una herida penetrante de mal pronóstico. Las causas más frecuentes se relacionan, por ejemplo, con deportes, actividad industrial, agrícola, agresiones físicas, actividad de la construcción y accidentes de tránsito.
Cuando un paciente consulta por un trauma ocular, es importante reunir una serie de datos para la historia clínica. Evaluar las circunstancias y el mecanismo del trauma. Es importante conocer la naturaleza de los elementos que causaron el daño, patologías oculares, agudeza visual y estado del ojo antes de la lesión.
Es necesario interrogar sobre síntomas como la visión borrosa, el dolor ocular, la visión doble, las fotopsias (visión de chispas o ráfagas de luz), y las famosas moscas volantes (miodesopsias). Se debe evitar cualquier presión sobre el globo ocular, realizar un examen completo, evaluar agudeza visual, reflejos pupilares, presión intraocular (excepto contraindicaciones por trauma) y fondo de ojos.
En todos los casos, hay que valorar el estado general del paciente y priorizar si existe o no riesgo de vida.
Clasificación de los traumas oculares
1-Contusión ocular cerrada o no penetrante: indemnidad de las membranas que conforman y protegen el ojo, con lesiones que van de leves a severas, pero con globo ocular cerrado.
2-Contusión ocular abierta o penetrante: con rupturas de estas membranas, en distintos sectores del ojo.
Dentro de los traumatismos oculares a globo cerrado se pueden nombrar contusiones perioculares, lesiones del iris, hipema (presencia de sangre en cámara anterior del ojo), lesiones en el cristalino que pueden generar cataratas traumáticas , DPV (desprendimiento del vítreo posterior), desgarros de retina (pueden generar desprendimientos de retina), ruptura de la membrana coroidea, fracturas orbitarias (evaluar con diagnóstico por imágenes, tomografías o resonancias de órbitas y senos paranasales), lesiones de partes blandas, etc.
