En un informe de Vida Silvestre, expertos analizaron cómo la industria alimentaria y la falta de políticas públicas en salud y educación nutricional hacen que la población crea que una galletita de paquete, o un pan lactal envasado son alimentos saludables y sostenibles.

La transición a dietas orientadas al cuidado del planeta ofrece grandes beneficios para la salud humana, al tiempo que se reduce el impacto ambiental. En concreto, los beneficios se reflejan en un clima más estable y en la reducción del daño sobre la naturaleza. Así, según el último informe elaborado por la ONG Vida Silvestre, el 60% de los encuestados tienen voluntad de adoptar nuevos hábitos alimentarios en la Argentina.
“Lo importante es poner el foco no solo en el mercado sino también en el consumo. La dieta cambió muchísimo al punto de perder por completo el rastro de lo que se come. Si la consigna es dibujar un pollo, la gran mayoría lo ilustrará al spiedo”, expresó Manuel Jaramillo, director General de Vida Silvestre en diálogo con TN.
Con todo, cada vez más personas eligen modificar sus comidas en función de cuidar el ambiente. Más aún, ya se instaló el nombre “climatarian” (o planetarios) para identificar a quienes deciden avanzar en este camino.
Los resultados de la encuesta de Vida Silvestre realizada a 2000 argentinos y argentinas de 36 años de edad promedio determinaron que la perspectiva a corto plazo para cambiar la dieta (ya adoptada/inmediatamente) es elegida por el 30,7% de los argentinos. A mediano plazo es destacada por el 33,2% y a largo plazo es mencionada por el 29,9% de los encuestados.

