
Está fuera de discusión que Lamine Yamal es el mejor jugador que tiene España. Sus gambetas indescifrables, su cambio de ritmo, su talento creativo y su mentalidad ganadora ilusionan a todo un país con volver a conquistar el Mundial como ocurrió en Sudáfrica 2010. El joven crack de Barcelona es el distinto de la Roja pero, a diferencia del resto de los jugadores que están tocados con la varita, no luce la N°10.
El atacante de 18 años presentó recientemente su dorsal para la Copa del Mundo y sorprendió con un guiño a Lionel Messi. A través de sus redes sociales compartió una imagen dividida: de un lado aparecía la casaca que utilizó el rosarino, su gran ídolo, en su debut mundialista con la Selección Argentina en Alemania 2006 y, del otro, la suya para el certamen que se disputa en Norteamérica.
Yamal es el N°10 del Barça, pero la explicación detrás de la ausencia del número más emblemático en su selección es simple y no da lugar a ningún tipo de polémica: en España los futbolistas con mayor cantidad de partidos internacionales tienen prioridad para elegir dorsal. Ese sistema ubica por delante a quienes acumulan más experiencia con la camiseta nacional.
Por esa razón, el número histórico quedó en manos de Dani Olmo. El mediocampista acumula 50 presencias con la Roja y ya utilizaba esa camiseta antes de la irrupción de Lamine, quien, en cambio, debutó en 2023 y acumula 25 encuentros con su país.
La situación contrasta con lo que ocurre en Barcelona, donde el extremo heredó la camiseta más pesada del club. Tras la salida de Messi en 2021, el dorsal pasó primero a Ansu Fati, una apuesta que no terminó de consolidarse por las lesiones y la presión que implicaba ocupar ese lugar. El último cambio de dueño sí tuvo un resultado diferente. Desde que le brilló en su espalda, Yamal respondió con actuaciones destacadas y firmó la mejor temporada de su carrera, con 24 goles y 17 asistencias en 45 partidos.
Dentro del seleccionado ibérico no consideran el tema como un conflicto. De hecho, quienes conviven con el plantel aseguran que el joven entiende perfectamente las reglas y mantiene una excelente relación con Olmo, quien es su compañero en la Ciudad Condal.
Más allá del potencial impacto comercial que tendría ver a la máxima estrella con la N°10, la conducción de Luis de la Fuente prioriza el respeto por la trayectoria y la convivencia interna. Esa política forma parte de la cultura que el entrenador busca sostener dentro de un equipo que aspira a volver a conquistar el mundo.
