
Stefan Bellof es, a sus 27 años, una de las mayores promesas del automovilismo mundial cuando corre los 1000 km de Spa el 1º de septiembre de 1985. Prueba emblemática del Campeonato Mundial de Resistencia, lo encuentra al volante de un Porsche 956 del equipo Brun Motorsport. En la vuelta 78, su vida acabará trágicamente en un choque. Y su historia, una destinada a los panteones de la gloria, quedará trunca muy temprano.
Bellof nació y se crió en Gießen, ciudad universitaria por antonomasia en el centro de Alemania. El proyecto de piloto se forjó a orillas del río Lahn y se erigió poco a poco: primero fue un título en la Fórmula Ford 1600 Alemana en 1980; luego, un tercer puesto en su campaña debut en Fórmula 3; y, más tarde, un asiento en la Fórmula 2 europea de la mano de Maurer Motorsport, con su fundador y team principal Willy Maurer como jefe primero y como mánager después. Hasta que llegó 1984.
La Fórmula 1 es la Máxima. Fue en aquel curso el refugio competitivo de Bellof bajo el ala de Porsche, que ya le había ofrecido un contrato para participar en el Campeonato del Mundo de Coches Deportivos en 1983, un año antes. Y un equipo con el que había firmado un récord de vuelta memorable en Nürburgring Nordschleife, circuito más extenso y exigente del mundo: recorrió los 20,835 km del Ring en 6:11:13 minutos, marca con la que le sacó al menos 5 segundos a todos sus perseguidores. La marca tardó 35 años en ser rota por Timo Bernhard, ya bien entrado el nuevo siglo.
Con ese bagaje en su currículum es que ingresó en la F1, no sin ser seducido antes por un equipo McLaren que se acabó decantando por la dupla Niki Lauda-Alain Prost. Bellof, igualmente, se las arregló para destacar en un decadente y ya extinto equipo Tyrrell, en el que llegó a adelantar a Ayrton Senna en Brasil. Y a elevarse en Mónaco, donde los focos se los llevó Senna antes de que la lluvia cancelase la carrera. En ese mismo Gran Premio, el alemán firmó un podio que la sanción retroactiva a Tyrrell por conducir autos de bajo peso anuló (con todos sus puntos) a final de temporada.
El contrato de Bellof con Porsche fue rescindido en 1985, pero su ligazón se mantuvo indirectamente: Brun Morosport, equipo cliente de la marca alemana, fue su nuevo hogar deportivo en el Campeonato Mundial de Sport Prototipos (SWSC). El contrato con Ferrari para ser uno de los dos pilotos del Cavallino Rampante en 1986 estaba encaminado. Pero la vida (y la muerte) tenían otros planes.
Primero, un accidente se llevó a su excompañero Manfred Winkelhock, producto de lesiones irreversibles en la cabeza, en el circuito canadiense de Mosport. Las secuelas quedaron: el 1º de septiembre, como le sucedería casi nueve años después a Senna en Imola, Bellof no quería conducir en Spa-Francorchamps. Pero pudo más la rivalidad acérrima con Jacky Ickx, impulsora de un intento de adelanto en la vuelta 78 en el trazado belga.
El toque de ambos autos a alta velocidad fue trágico; el choque del Porsche 956 de Bellof con una barrera de hormigón, inevitable. Antes de llegar al hospìtal, la luz de Stefan Bellof se apagó. Tenía 27 años, 34 carreras y tantas victorias como vueltas rápidas (16) en Porsche. Y era una de las mayores promesas del automovilismo.
