
Con apenas 23 años, María Becerra es una de las máximas representantes musicales de la Argentina. Sin ir más lejos, fue la tercera artista nacional más escuchada a nivel mundial en Spotify durante 2023, sólo por detrás de Duki y Bizarrap. Sin embargo, la exitosa y talentosa cantante no sólo da que hablar por sus canciones, sino también por varias de sus anécdotas. Es que, fiel a su estilo sin filtro, está acostumbrada a contar en entrevistas todo tipo de historias divertidas de su vida.
Durante uno de sus últimos viajes a España este año, María Becerra -nacida el 12 de febrero de 2000 en Quilmes- recorrió varios programas de televisión para darle promoción a sus proyectos musicales, anticipar el lanzamiento de nuevas canciones y, además, recordar muchas anécdotas.
Ya lo demostró muchas veces: no es pudorosa ni vergonzosa. Por eso, relató algunas experiencias curiosas que le tocó vivir, con lujo de detalles. Durante su visita al programa español “Martínez y hermanos”, no tuvo problema en recordar uno de los momentos más incómodos que le tocó atravesar en su vida. Se trata de una vez que escribió un mensaje hot y se lo envió a la persona equivocada.
El mensaje hot: uno de los momentos más incómodos que vivió María Becerra
“Lo mandé cuando todavía no existía eliminar mensajes en WhatsApp. En ese momento lo mandabas y te tenías que enterrar sola. Era terrible. El mensaje seguía ahí y vos seguías crucificada”, comenzó a contar la historia entre risas en el piso.
Según explicó, “estaba hablando con un chico” al que se estaba “chamuyando”. “Yo estaba activando en el chamuyo y de repente el me tira un poquito de onda, pero después aflojó un poquito y yo seguía como loca”, continuó.
En paralelo a esa conversación, ella también estaba hablando con una amiga, a quien le pedía consejos y opiniones de qué contestarle al chico. “En un momento, le reenvié a mi amiga un mensaje que me había mandado el chico y le dije: ‘La verdad que estoy que lo agarro y le doy masa toda la noche’. Te juro que le dije eso, yo soy zafada”, relató.
Fue entonces que ocurrió la equivocación: en vez de enviarle ese mensaje a su amiga, se lo mandó al chico: “Quedé loca. Uno cuando se manda esas cagadas, revolea el celular y se va a la mier… Dejé el celular abandonado a ver qué pasaba”.
“Poco después empecé a escuchar que me llegaban notificaciones. Me dije a mí misma que tenía que ser valiente y agarré el celular. Cuando miré, todo había salido bien, porque me respondió: ‘Uh, qué bueno. Yo también’. Me ahorré mucho tiempo”, cerró la anécdota.
