
El juicio por la muerte de Diego Maradona sumará este jueves una nueva audiencia con testimonios clave vinculados a su internación previa en la Clínica Olivos, donde fue operado semanas antes de fallecer. También está previsto que declare —por séptima vez— Leopoldo Luque en una nueva ampliación de la indagatoria.
Ante el tribunal se pronunciarán tres profesionales que tuvieron participación directa en su atención médica. Se trata del jefe de terapia intensiva de la clínica, Fernando Villarejo; el jefe de cardiología, Sebastián Nani; y el neurocirujano Pablo Rubino, quien estuvo a cargo de la última operación.
Se espera que sus exposiciones aporten detalles sobre el estado de salud del exfutbolista durante su paso por el centro médico, así como también sobre las decisiones clínicas adoptadas en ese momento. En particular, los jueces buscarán reconstruir cómo fue la evolución tras la operación y qué recomendaciones se dieron al momento del alta.
Los testimonios podrían resultar determinantes para esclarecer si el seguimiento médico posterior fue adecuado y si existieron responsabilidades en torno a las condiciones en las que Maradona continuó su recuperación.
El proceso judicial investiga posibles negligencias en el tratamiento que recibió el exjugador en sus últimos días y ya cuenta con múltiples declaraciones de profesionales de la salud, familiares y personas del entorno cercano.
En la jornada del martes declaró Jana, la hija de Maradona, y el psicólogo Carlos Díaz se sentó por segunda vez ante el tribunal integrado por los jueces Alberto Gaig, Alberto Ortolani y Pablo Rolón.
El jefe de terapia intensiva declaró el año pasado
El jefe de terapia intensiva de la Clínica Olivos, Fernando Villarejo, declaró el año pasado en el primer juicio. Su testimonio reveló una serie de episodios que generan dudas sobre las decisiones médicas que se tomaron durante las últimas semanas de vida de Maradona, tras la operación por el hematoma subdural. Además, aseguró que el exfutbolista tenía un entorno “complicado” y que se opuso a una internación domiciliaria.
Todo comenzó después del 30 de octubre de 2020, el cumpleaños 60 de Maradona, que dejó una imagen impactante: se lo vio caminar tambaleante en la cancha de Gimnasia, sin fuerzas ni lucidez. A raíz de eso, su entorno médico —entre ellos, la psiquiatra Cosachov y el neurocirujano Luque— propuso llevarlo a hacerse un chequeo. Así fue cómo ingresó en la clínica Ipensa, en La Plata.
Allí le detectaron el hematoma subdural, pero los profesionales del centro no consideraron necesario operarlo de urgencia. Preferían estabilizarlo clínicamente primero. Pero Luque no estuvo de acuerdo. Según relataron varios testigos en aquel juicio, él insistió en trasladarlo a un centro más preparado, y así llegó a la Clínica Olivos.
Finalmente, otros médicos llevaron adelante la cirugía. No lo operó Luque, ya que la familia se opuso. Después de la intervención, Diego quedó internado alrededor de una semana. Pero el clima era insostenible, ya que había una pandemia, el paciente estaba irritable, privado de alcohol en medio de un consumo problemático, con un entorno difícil de manejar. “Era complejo examinarlo, había demasiada gente en su habitación”, afirmó ante los jueces Villarejo. Según su relato, Luque solía ingresar “siempre” junto a la psiquiatra Cosachov.
“La clínica no era el lugar para mantenerlo sedado por tiempo indeterminado”, señaló Villarejo, quien aseguró que tanto Luque como Cosachov le pidieron reiteradamente que lo durmieran durante varios días para calmarlo. El objetivo no era solo facilitar el postoperatorio, sino controlar su compulsión y su estado emocional alterado. “Diego es inmanejable”, le dijeron, para justificar su pedido.
En medio de esas tensiones, se tomó la decisión de colocarle un catéter venoso, aunque él no permitía que lo tocaran, y permaneció sedado durante 24 horas. También se evaluó colocarle una sonda para su nutrición, pero los profesionales coincidieron en que esa situación no podía sostenerse a largo plazo.
La Clínica Olivos, en ese entonces, se oponía a la idea de una internación domiciliaria. Recomendaban derivarlo a otro centro especializado. Villarejo fue claro al declarar que se opuso a muchas de esas decisiones y dejó asentado todo en la historia clínica.
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También aseguró que no existían las condiciones para un tratamiento adecuado fuera de un centro médico. Pero, finalmente, a Diego lo llevaron a una casa en Tigre sin aparatología adecuada. “Diego parecía tener un cuadro psiquiátrico agudo. Las hijas, por desconocimiento o porque confiaban en Luque, dejaron que hicieran lo que para ellos era necesario”, sumó Villarejo.
El jefe de cardiología también declaró en el primer juicio
El año pasado también declaró Sebastián Nani, el jefe de cardiología de la Clínica Olivos, donde Maradona fue operado el 3 de noviembre de 2020. En su testimonio, dio detalles de las observaciones que hizo sobre el estado de salud del “Diez» y complicó la situación de Luque, uno de los principales acusados en la causa.
En su testimonio, el médico señaló que el exfutbolista no mostraba indicios de complicaciones cardíacas y que “no era esperable un problema coronario”. “En la clínica, Diego estaba bien cardiovascularmente”, afirmó.
Sin embargo, Nani destacó que Maradona era considerado como un “paciente de riesgo” y que, por lo tanto, necesitaba más atención. En esta línea, apuntó contra Luque, ya que señaló que “era el médico de cabecera” del astro: “La responsabilidad de Maradona era 100% suya”.
Además de Villarejo y Nani, declara otra vez el médico que le realizó la última operación a Maradona. Se trata de Pablo Rubino, el neurocirujano que operó al exfutbolista el 3 de noviembre, tres semanas antes de su muerte.
En su testimonio en el primer juicio, el neurocirujano dio detalles sobre la última cirugía y los estudios previos que le realizaron. “Recuerdo que los valores no estaban del todo bien, pero era una intervención que tenía que hacerse”, expresó.
