
La inflación volvió a rondar el 3% mensual en marzo, pero por primera vez en casi un año tendría una notoria caída en abril. La principal promesa económica del Gobierno tuvo traspiés a partir de mediados de 2025 y por eso el equipo de Javier Milei empezó a tomar medidas adicionales para torcer el rumbo de los precios.
Equilibra, la consultora de Martín Rapetti, calculó que la inflación del mes pasado fue de 3,3%, y que su aceleración de 0,4 puntos porcentuales frente a febrero se explica exclusivamente por el aumento de los combustibles debido a la guerra en Medio Oriente.
Para Empiria, de Hernán Lacunza y Nicolás Gadano, el índice de precios al consumidor se movió un 3,2% en marzo, pero caerá a 2,5% en este mes en curso.
Por debajo del 3%, en cambio, arrojaron las mediciones de la Fundación Libertad y Progreso (2,9%) y de C&T Asesores Económicos (2,7%). En todos los casos, el primer trimestre cerró con una inflación de 9% a 10% y ya casi alcanzó el objetivo anual del Gobierno, plasmado en el Presupuesto 2026 (10,1%).
En tanto, OJF, la consultora de Orlando Ferreres, calculó que la inflación de marzo fue de 2,7%, pero señaló que el índice núcleo, que excluye a los precios regulados y los estacionales -y permite inferir una tendencia- cayó a 2%.
Solamente teniendo en cuenta los Alimentos y Bebidas, Labour, Capital & Growth (LCG) estimó una variación de 2,3% en marzo, porque en dos semanas hubo un descenso en los precios.
La inflación bajaría en abril
La inflación mensual no baja a partir del 1,5% que marcó en mayo del año pasado y la interanual, después de caer desde el 287% en abril 2024, llegó hasta 31,3% en octubre 2025 y empezó a rebotar. En ese sentido, el índice que mide los últimos doce meses volvería a mostrar un retroceso en el próximo informe del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec).
De esta forma, y con la promesa del Presidente de que la inflación «se va a caer como un piano», el Gobierno ya empezó a tomar medidas para contener la variación de los precios.
Haciendo equilibrio con los números del superávit fiscal, que no piensa resignar, el equipo económico decidió congelar los impuestos a los combustibles y extender la pérdida de recaudación por el equivalente a entre 150 y 200 millones de dólares por mes.
Aunque el Gobierno no subió los impuestos internos a la nafta y el gasoil tal como lo marca la normativa vigente, tampoco los bajó, lo que hubiera ayudado a suavizar los aumentos de 20% en los combustibles que se registraron el mes pasado.
En cuanto a los biocombustibles, la Secretaría de Energía flexibilizó los requerimientos técnicos de calidad para permitir un mayor uso de bioetanol y bajó el precio del biodiésel -por el retroceso del tipo de cambio-.
Asimismo, sin intervención oficial formal -sino a través de la participación del Estado en YPF-, las petroleras lograron un acuerdo «entre privados» para no trasladar a los consumidores los movimientos internacionales del petróleo por 45 días, hasta mediados de mayo.
El esquema funcionará, en la práctica, como un mecanismo de compensación entre productores de crudo y refinadores, que representa un financiamiento a futuro a los consumidores; cuando baje el petróleo, no retrocederán los precios locales.
Con todo, en abril ya no operarán algunos de los motores que impulsaron la inflación en marzo: los combustibles, la educación y el transporte en el Área Metroólitana de Buenos Aires (AMBA).
El tipo de cambio planchado en torno a los $ 1.400 desde hace dos meses, con el Banco Central (BCRA) comprando dólares y en la antesala de que el campo liquide sus divisas por la cosecha gruesa de soja, junto a los salarios que siguen perdiendo contra la variación de precios completan el combo oficial para que la inflación vuelva a retroceder significativamente en el corto plazo.
Pero la guerra y sus efectos, con una posible suba en la tasa de interés de los Estados Unidos, pueden hacer tambalear al plan.
Fuente: Clarín
