
La inflación sigue controlada y el dólar, luego de un salto, parece volver a los niveles aceptables para la sociedad argentina. Son las dos variables que cualquier gobierno mira en los meses previos a las elecciones. Sin embargo, Javier Milei no puede decir aún que llegará a su test electoral de mitad de mandato navegando en un mar de tranquilidad, porque se le embarulló el frente más inesperado: el de los muchachos de las mesas de dinero que tantas alegrías le habían dado en las redes sociales desde que decidió abrazar su aventura política.
Ayer, la decisión de la Justicia estadounidense de suspender el embargo de las acciones del Estado terminó convirtiéndose en un alivio doble para el Gobierno. Sirvió para esquivar un derrumbe de las acciones de la petrolera, y Economía pudo también sortear una nueva tormenta destinada a volver todavía más frágil la situación financiera que se complicó esta semana cuando una serie de fantasmas se conjuraron contra las fuerzas del cielo. Un derrumbe bursátil habría complicado más la pulseada entre el Gobierno y los bancos, que desde hace días pelean a cara descubierta: unos por intentar que una avalancha de pesos alimente la compra de dólares o la inflación y los segundos por conservar niveles de rentabilidad que consideraban asegurados en un Gobierno que llegó prometiendo pulverizar las regulaciones y las intervenciones en la relación entre los agentes económicos privados.
El mercado financiero, acaso el sector de la economía que mejor conocen Javier Milei, Luis Caputo y los principales funcionarios del área económica, parece haber dejado de entender el idioma que hablan en la Casa Rosada y sus alrededores. El Presidente y su ministro dicen una cosa y los banqueros entienden que lo más conveniente es hacer lo contrario. Ni siquiera el gancho de la tasa de interés alta alcanza para despejar la desconfianza que el mercado manifiesta sobre el mediano plazo de la economía. ¿Qué tendrá que hacer Milei para que alguien se decida a poner su dinero en la Argentina? Fuera de algunos anuncios de proyectos en minería y energía, los empresarios permanecen estancados esperando que se resuelvan varias incógnitas: algunas que Milei heredó y otras que él mismo sembró.
Entre las primeras, sobresale una duda que ya padeció Mauricio Macri y que se convirtió en sistémica. Se puede dividir en dos preguntas. La primera es: ¿Milei gobernará cuatro años o se quedará dos períodos en la Casa Rosada? La segunda es, podría decirse, sistémica: si Milei pierde, ¿vuelve el kirchnerismo? Macri nunca pudo generar un sistema de competencia entre oficialismo y oposición que excluyera, o que convirtiera en minoritaria, la opción “antisistema” de Cristina Kirchner. Así, cuando el mercado entendió que el macrismo perdía, se apuró a retirar todos los fondos que pudo de la Argentina, lo cual aceleró irremediablemente la derrota de Juntos por el Cambio. Hoy, Milei eligió otra vez explicar su campaña como una pelea entre dos sistemas divergentes, lo cual hace más baratos y directos los slides y videítos que se repartirán en las redes, pero hace imposible la tranquilidad económica previa y la convivencia política posterior a la elección.
La detención de Cristina Kirchner terminó complicando más incluso esa situación. Ahora, el peronismo quedó obligado a mencionar a su líder presa en los discursos. Por supuesto, tendrán que dejar de lado las denuncias de proscripción, porque si no quedarían moralmente impedidos de participar de una elección tan aberrante, pero no podrán evitar mencionar a Cristina, que hoy sigue siendo la persona con más votos comprobados del espacio opositor.
Eso es lo que termina enredando todavía más el cierre de las listas en el peronismo, que en este fin de semana tendrá que sortear más de un escollo para mantenerse unido. En estas horas, dirigentes sindicales que están jugando con Axel Kicillof dijeron que Juan Grabois está prácticamente decidido a ir por afuera de la coalición. No hay modo de confirmar si el arreglo ya se volvió imposible, pero cerca de Grabois confirman que no están conformes con el espacio que les ofrecen en las listas de Fuerza Patria. Si Grabois va por afuera, las chances del peronismo en la elección de diputados nacionales en la provincia de Buenos Aires quedarán muy lastimadas. Grabois es, según decían hasta hace pocos días muy cerca de Cristina Kirchner, el preferido de la ex presidenta para encabezar las listas peronistas en la elección presidencial de 2027. Por eso es legítimo preguntarse en dónde se origina la rebeldía del dirigente social.
Además de ese “riesgo Cristina”, Milei se empecina en generar sus propios riesgos. En los últimos días, con su intención de moderar la cantidad de insultos que amontona en sus discursos y con el envío al Congreso de proyectos que le ayudarán a negociar con los gobernadores las leyes de reparto de ATN y del Impuesto a los Combustibles, el Presidente parece haber entendido que tensar la cuerda conviene sólo cuando alguien está seguro de ganar o cuando el rival entiende que uno es capaz de cumplir la amenaza que lanzó. A pesar de que esa táctica le dio muy buenos resultados en sus primeros meses de gestión, esas dos condiciones ya no están. Pero el riesgo sigue vivo, porque es imposible saber si esa búsqueda de la moderación se mantendrá o es sólo una estrategia electoral inicial que luego seguirá el viento de los debates que aparezcan en la agenda.
Las encuestas indican que el oficialismo están mejores condiciones que el peronismo para imponerse en la elección, pero también se puede decir hoy que el kirchnerismo seguirá conservando en el Congreso un número de legisladores que le permitirá trabar las votaciones con mayorías agravadas como las que se necesitan, por ejemplo, para nombrar jueces en la Corte Suprema. En el Gobierno lo saben, y por eso hay varios funcionarios que imaginan una situación paradójica para el 11 de diciembre: un oficialismo ganador y con mayor número de bancas propias en el Senado y en Diputados y un Presidente ametrallando con decretos. Si eso sucede, habrá que esperar un poco más para que lleguen las inversiones.
Fuente: Clarín
