
Dormir mal y empezar a fallar con la memoria suelen ir de la mano, sobre todo con los años. Ahora, un grupo de científicos en Estados Unidos encontró una pista que podría ayudar a cuidar el cerebro en ese combo: la vitamina D, ese nutriente conocido por fortalecer los huesos, también podría tener un rol en cómo pensamos y recordamos.
La investigación, realizada en la Universidad Emory, en Georgia, se centró en un grupo de adultos que ya venía lidiando con dos problemas frecuentes en la previa de la demencia: dormir mal y tener algunas fallas de memoria o concentración, lo que se conoce como deterioro cognitivo leve.
Entre quienes tomaban dosis altas de vitamina D todos los días, el rendimiento en pruebas de memoria y razonamiento fue notablemente mejor que entre quienes no la tomaban, incluso al comparar personas de edad, peso y nivel educativo similares.
“Todavía hay margen para cuidar el cerebro”, explicó Victoria Pak, investigadora estadounidense y autora principal del trabajo, profesora asociada de la Escuela de Enfermería Nell Hodgson Woodruff de la Universidad Emory. Para la especialista, encontrar hábitos simples y accesibles como este suplemento cobra cada vez más peso a medida que crecen los casos de alzhéimer en el mundo.
Por qué el sueño entra en la ecuación
Casi la mitad de las personas con alzhéimer moderado a severo también convive con algún trastorno del sueño, y la relación parece ir en las dos direcciones: dormir mal puede acelerar el deterioro de la memoria, y ese deterioro, a su vez, puede empeorar el descanso. Lo que hace especial a este trabajo es que fue el primero en mirar puntualmente qué pasa con la vitamina D en personas que ya combinan ambos problemas al mismo tiempo, un grupo que hasta ahora había quedado un poco afuera de este tipo de investigaciones.
También compararon las dos formas más conocidas del suplemento, la D2 (de origen vegetal) y la D3 (la que el cuerpo genera con el sol o se consigue de origen animal), y no encontraron diferencias entre una y otra a la hora de proteger la memoria. Es decir que, de confirmarse el beneficio, no importaría demasiado cuál de las dos se elija.
Por qué conviene ir despacio con las conclusiones
El entusiasmo tiene sentido: hoy más de 7 millones de personas conviven con alzhéimer solo en Estados Unidos, una cifra que se estima podría duplicarse hacia 2050, así que cualquier pista simple y de bajo costo genera expectativa.
Pero hay algo importante para tener en cuenta antes de salir corriendo a la farmacia: se trabajó con un grupo chico de personas, y todavía faltan investigaciones más grandes para confirmar si la vitamina D realmente ayuda a cuidar la memoria o si la relación se explica por otra cosa. Además, la dosis que mostró beneficios está por encima de lo que recomiendan como límite seguro los organismos de salud de Estados Unidos para uso diario y sin supervisión médica. Tomar de más, sostenido en el tiempo y sin control, puede subir el calcio en sangre y traer problemas como náuseas, cálculos renales o depósitos de calcio en los riñones.
Por eso, la recomendación de los propios especialistas es simple: antes de sumar o subir la dosis de cualquier suplemento, lo mejor es pasar por el consultorio. Un análisis de sangre alcanza para saber si hace falta reforzar los niveles de vitamina D, y solo un médico puede indicar cuánto y por cuánto tiempo conviene tomarla.
