
Tras renunciar a sus compromisos formales con el Partido Justicialista, el expresidente Alberto Fernández reparte sus días entre las calles de Madrid, donde temporalmente reside su familia, y las comodidades del barrio porteño de Puerto Madero. En el departamento que su amigo José “Pepe” Albistur le hizo entrega alguna vez transita con preocupación los primeros 100 días del gobierno de Javier Milei.
Según supo la agencia Noticias Argentinas, el exmandatario de vez en cuando intercambia algún llamado con el fundador de La Libertad Avanza, al que considera una persona respetuosa, que valora el buen trato, aunque le cuestiona su dogmatismo que lo llevan a reaccionar con efervescencia cuando se lo contradice.
Cree también que su sucesor no es capaz de escuchar y corregir, y que está mal asesorado, por lo que le sugiere ampliar su círculo de confianza. Para un cuadro político tradicional como lo es Fernández, el “estratega” Santiago Caputo no cuenta con los conocimientos políticos necesarios para el rol que ocupa como asesor del jefe de Estado, y en sintonía, no le encuentra sentido al consejo de confrontar permanentemente con todos los actores.
En más de una oportunidad, y en base a su experiencia, le recomendó al presidente -sin éxito- que negocie con los gobernadores, que los cite por separado, y que avance en el trazado de relaciones fluidas con las provincias. Es de público conocimiento que su mensaje no fue receptado.
El exmandatario contextualiza además el discurso contra “la casta” de Milei en el sentimiento internacional antisistema que cala profundo en las sociedades y detecta que potenciar la forma de hacer política insultando a los políticos hace crecer la imagen positiva del Gobierno.
Preocupación por el clima social
A pesar de las diferencias públicas que lo distanciaron de la vicepresidenta Cristina Kirchner, ambos coinciden en ver con preocupación la realidad del país, aunque como institucionalistas anhelan que La Libertad Avanza cumpla con los cuatro años de mandato.
Desde su círculo íntimo revelaron a esta agencia que Fernández, a pesar de sus deseos de que el Gobierno finalice en término y forma su gestión, se muestra intranquilo y se lo escucha decir -al ex mandatario- que Milei “no es consciente de cómo está abusando de la paciencia social, que el Gran Buenos Aires es una bomba de tiempo y que el día que reaccione van a tener un 19 de diciembre”. “Están jugando con fuego, pero no la ve o no le importa”, aseguran que comenta el exjefe de Estado.
El centro de los cuestionamientos es el tamaño del ajuste que llevó adelante la nueva administración para ordenar el desvío del 0,9% existente entre el déficit fiscal de 2023, que cerró en 2,8%, y la meta pactada con el Fondo Monetario Internacional (FMI), que era de 1,9%.
A eso se le suma la impronta que considera provocadora, en una sociedad con altos niveles de agresividad post pandemia, y la fuerte confusión entre el mundo institucional y el de las redes sociales propiciada por los libertarios.
Son varios los peronistas que como extitular del PJ opinan que el objetivo del espacio surgido en 2021 es instalar una nueva grieta que diferencia a los políticos tradicionales, a los que en el oficialismo acusan de corruptos y ladrones, de la nueva política, la suya, autocalificada de transparente y sincera.
En el entorno de Fernández remarcan además la cantidad de familiares con los que la nueva gestión completó los escaños del Estado, y advierten que el aumento de sueldos para miembros del Poder Ejecutivo no fue un simple error de un funcionario de tercer rango. Además, ante los primeros anuncios y las proyecciones del FMI -que estima una caída del 2,8% en 2024- hay convencimiento de que la Argentina no va a crecer.
