
River sigue sin reaccionar. Muchos refuerzos, una gran cantidad de dinero invertido, pero no hay juego, goles ni resultados. Volvió a perder, esta vez con Tigre, en su visita a Victoria y nuevamente por 1 a 0. Está último en la Zona B del Clausura, llega muy debilitado al encuentro frente a Independiente Santa Fe de Bogotá por la ida de los octavos de final de la Copa Sudamericana y con su técnico, Eduardo Coudet, en la cornisa. Encima batió un récord negativo: acumuló seis derrotas seguidas en torneos de AFA por primera vez en su historia.
River es un canto a la desesperanza. Tiene posesión pero patea muy poquito al arco. No sabe qué hacer con la pelota. Y en esto hay una gran responsabilidad del Chacho. Es cierto que armar un equipo nuevo lleva tiempo. Pero eso es lo que no sobra en River. Y no se evidencian signos de que más temprano que tarde la situación cambie, sino todo lo contrario.
Este River de Coudet es previsible y no se rebela. No tiene sorpresa y esta vez los laterales estuvieron muy contenidos, sobre todo el debutante Ortega. El técnico ata a sus jugadores a las posiciones y la respuesta es dócil adentro de la cancha. También, hay jugadores que no actúan en sus puestos. Como si se pusiera la heladera en el baño y el inodoro en la cocina.
Sucedía con Freitas, que es punta, pero queda atado a la raya, en una especie de volante-extremo y perdía más de lo que ganaba en el uno contra uno ante Banegas, lateral izquierdo de Tigre. Tobías Andrada, por su parte, venía jugando por afuera o recostado hacia la derecha con Guillermo Barros Schelotto en Vélez, pero en su debut en River jugó adelante de doble cinco adelantado. Así y todo, no desentonó y casi logra el empate tras tomar un rebote pero el se le fue desviado.
Ángel Correa esta vez jugó de punta con Lucas Beltrán pero el campeón del mundo tiene que acostumbrarse todavía al ritmo del fútbol argentino y el Vikingo está con una marcha menos. La pelota, a su vez, les llegaba poco. Así y todo, armaron entre ellos la única jugada de riesgo, que terminó en penal de Banegas al ex Tigres de México, pero inexplicablemente Gariano no lo cobró y tampoco Yamil Possi lo llamó desde el VAR para que revisara la acción en la que el lateral de Tigre claramente toma de arriba a Correa y abajo le engancha la pierna derecha cuando el delantero de River, que terminó en el piso, iba a definir ante Zenobio.
Fue un claro penal que pudo haber cambiado el curso del partido. Y River hubiera tenido una chance inmejorable de poder cortar una sequía que ya lleva 363 minutos ya que no convirtió en ninguna de las cuatro fechas que se llevan jugadas de este torneo, algo que también sucedió por primera vez en la historia. El último gol fue de Borré, en la caída 3-1 ante Aldosivi, en el inicio de este segundo semestre, cuando el conjunto de la banda se quedó eliminado de la Copa Argentina.
Y Coudet es responsable porque tampoco hace mucho por modificar un destino que parece inexorable. Tardó demasiado en realizar los cambios, y se quedó resignado con que el partido era “malo”, como le dijo a los plateístas de Tigre en un ida y vuelta verbal que tuvo.
Recién a los 32 minutos del segundo tiempo el entrenador de River hizo el primer cambio. Puso a Borré por Freitas, con un Tigre retrasado que presionaba con Tiago Serrago, quien ingresó por al comienzo del primer tiempo por Pity Martínez, lesionado. Y un minuto después llegó el gol de Tigre. Jabes Saralegui, que es jugador de Boca y está a préstamo en Tigre, presionó a Aníbal Moreno y lo forzó a un error con un pase atrás y los marcadores centrales abiertos. Nacho Russo lo aprovechó y definió con clase frente a Beltrán.
Una vez más, River pagó caro sus graves fallas. En un partido que tenía destino de 0 a 0, se volvió a comprar un problema más grande. No solo no juega a nada y no hace goles, sino que pierde todos los partidos y está lejos de encontrar el rumbo. Se encuentra último en su zona en el Clausura y llega muy mal al duelo con Independiente Santa Fe por la Copa Sudamericana.
Fuente: Clarín
