
¡España es el primer finalista del Mundial 2026! La Furia Roja jugó su mejor partido en la Copa del Mundo en la semifinal ante Francia, se impuso por 2-0 con goles de Mikel Oyarzabal -de penal- y Pedro Porro y jugará la segunda final de su historia. Luego de 16 años, el seleccionado español regresa a una definición de esta envergadura y buscará bordar una nueva estrella en su escudo, una que acompañe a la conseguida en Sudáfrica 2010.
Paliza. Por momentos, fue una paliza. ¿Dónde está la Francia arrolladora que pensaba en una nueva final? ¿Dónde quedaron los zurdazos de Dembelé? ¿Dónde fue a parar la conducción de Olise y Koundpe? ¿Y los goles de Mbappé? España desnudó todas esas falencias anímicas y futbolísticas con una fórmula más vieja que el fútbol: querer la pelota. Tratarla bien, con precisión, con toque, con pase, con desmarque, con anticipo. La mega paridad esperada se terminó cuando Rodri se hizo dueño de la pelota, cuando Ruiz distribuyó siempre con criterio. El Mundial ya tiene su primer finalista y hay que aplaudirlo porque dejó en ridículo al candidato de la mayoría. Los españoles sacaron su pasaje al MetLIfe para el próximo domingo.
El partido lo había contado Deschamps. Lo había descripto De la Fuente. Y a los dos les caía cómodo lo que se imaginaban. El tema es que se dio una parte de la historia, esa en la que coincidían todos que la pelota iba estar más tiempo en los pies españoles. El sueño de los franceses con cortar y salir rápido con todos los más veloces que cracks tenía adelante.
Amo y señor del medio, Rodri disimuló la falta de Pedri. El juega por los dos. Pero sería todo el medio que comprometido con el juego, doblarían marca cuando haría falta. Aprovechándose que Tchouameni debe seguir lesionado (no puede jugar tan mal) y tomando nota de cómo hizo Paraguay para bajar el juego de Koundé y Olisé. Los fueron a raspar de entrada y ambos ya no podían culpar al juego sudamericana.
España juega y arriesga desde su arquero que hasta cometió la herejía de gambetear a Mbappé. Ese riesgo tenía que ver en qué lugar perdía la pelota porque cuando le pasó cerca de su propia área, Barcola puso sexta velocidad dejando a Porro en ridículo y aunque no terminó en nada, prendía las alarmas.
Y así como la precisión era española, los pases regalados a los rivales eran franceses. Dembelé, a diez mil kilómetros del que ganó el Balón de Oro, armaba las contras de España pasándole la bocha a Lamine!!! Mbappé se movía todavía a contramano del resto y el único que era digno de esta Francia era Rabiot.
Cucurella y sus rulos son tan famosos como que el lateral le gusta proyectarse. Se ve que no tomaron mucha nota del tema porque lo dejaron una y otra vez. Y en uno de esos centros, Digne se mandó un blooper amateur. Quiso dominar la pelota con la cabeza en lugar de despejarla como si no fuera Yamal el jugador que estaba a su lado. Lamine se avivó, le adelantó la bocha y el francés le metió un patadón insólito. El gol de penal de Oyarzaabal no hacía otra cosa que darle justicia al resultado.
NI la pausa de hidratación los hizo reaccionar. España no sólo tenía el control de la pelota, del juego y del resultado. Francia no ganaba ni una sola segunda jugada y parecía apostar todas sus fichas a una salida rápida. Y casi le sale porque Mbappé arrancó en propio campo y se iba solito si no fuera porque Simon hacía de líbero saliendo muy pero muy lejos de su arco y salvando una de esas difíciles.
Encima, como si no les alcanzara con las pifias de los volantes, Maignan salía mal desde el fondo y España armaba una jugada fantasista con pared entre Fabian Ruiz y Yamal con taco incluido. No fue un golazo porque se la puntearon al corner justo.
Francia regaló los primeros diez minutos del segundo tiempo jugándosela con la misma fórmula con la que arrancó a semifinal y recién ahí mandó a la cancha Doué que no llegó a acomodarse que tuvo que ver el gol que armaron entre Porro y Olmo. Un canto al buen fútbol, un canto a la pared, un canto a la definición.
Y lo mejor fue que España no cambió su idea, su búsqueda, su intención. Si a eso se le suma que los franceses dejaron el alma en el banco de suplentes luego de cantar la Marsellesa, la final tenía un nombre cantadísimo. Incluso, Lamine Yamal armaba un jugador de esos que llevan su marca y parece tributos a Messi, colándose al área de derecha a izquierda, y clavándola en un ángulo que finalmente el VAR lo anuló porque estaba media uña adelantado.
Mbappé daba señales de vida convirtiendo en peligrosa una pelota perdida en el borde del área con un derechazo que pasó cerca. Poco. Realmente poco. Si Argentina fue elogiada en algo contra Egipto fue por esa actitud, por esa rebeldía de romper esquemas y planteos para construir una recuperación épica. No es una decisión consciente, claro. Se vive y se transita de un modo natural que, al menos en esta semifinal, Francia no tuvo.
Una jugada del final lo retrata. Pelotazo largo para Mbappé que parece va a ganar y el arquero, otra vez, anticipa con la cabeza. La bocha le quedó a Doué que tardó tanto, pero tanto que le dio tiempo a Simon a regresar al área y atajarla. Los nervios, las dudas, la tensión. Llamenlo como quieran. O ver a Kylian ganarse una amarilla golpeando al 1 español como síntoma total de la impotencia.
Tenencia de la pelota, sentido colectivo, jerarquía individual, solidaridad para la recuperación, personalidad para ir a la segunda jugada, amenaza latente en ataque y convicción. Convicción para sostener sus ideas desde esos primeros 40 segundos de partido hasta el final. Incluso cuando la desesperación francesa lo hizo retrasar. España jugó como si fuera una final, como hay que jugarla. Francia se perdió entre lo que decían que era y lo que realmente fue. El ole, ole, ole del final estuvo merecido. /Olé
