
La aerolínea low cost Flybondi atraviesa uno de los momentos más críticos de su historia. Tras permanecer más de una semana prácticamente sin operar, la compañía canceló todos sus vuelos previstos para el fin de semana largo, mientras enfrenta una compleja crisis operativa y financiera que mantiene en alerta al sector aeronáutico y alimenta las dudas sobre su continuidad.
Los problemas, que comenzaron a intensificarse desde el 2 de julio, se vinculan a dificultades en el mantenimiento de la flota y a conflictos con empresas arrendadoras de aeronaves (lessors) y proveedores estratégicos, entre ellos YPF, encargada del suministro de combustible. Desde la pandemia no se registraba una ola de cancelaciones de semejante magnitud.
La situación quedó reflejada en los paneles informativos de los aeropuertos y en el portal de Aeropuertos Argentina, donde todos los servicios de la empresa aparecen cancelados. Al cierre del relevamiento, figuraban suspendidos los vuelos del viernes a las 13 hacia Bariloche, a las 14.05 con destino a Neuquén y a las 20 rumbo a Mendoza. Para el sábado también habían sido dados de baja los servicios programados a las 5.40 a Neuquén, 7.05 a Posadas, 8.55 a Asunción, 11 a Iguazú y 12.20 a Córdoba, entre otros.
De acuerdo con la plataforma independiente «failbondi.fail», entre el 2 y el 10 de julio la empresa canceló más de 125 vuelos, mientras que Aerolíneas Argentinas y JetSmart registraron en conjunto menos de 25 suspensiones durante el mismo período. Solo entre el feriado del jueves y el viernes no laborable, Flybondi dejó de operar 28 servicios.
Frente a este escenario, la compañía comunicó a pilotos y tripulantes que la crisis operativa continuará «por un tiempo» y anunció una profundización de su plan de reorganización para garantizar la sustentabilidad del negocio.
En ese marco, informó la ampliación de las suspensiones laborales para todo el personal de vuelo y de cabina desde el 7 de julio hasta el 30 de septiembre. La empresa aclaró que durante ese período se realizarán levantamientos temporales de las suspensiones únicamente para cubrir los vuelos que eventualmente se programen. En el comunicado, la firma reconoció que las medidas generan un fuerte impacto, aunque las consideró indispensables para intentar revertir la situación y preservar la continuidad de la compañía.
La crisis también se refleja en el plano laboral. Ex trabajadores denunciaron que aún no percibieron las indemnizaciones correspondientes y cerca de 300 empleados ya abandonaron la empresa mediante acuerdos de retiros voluntarios, entre ellos varios ejecutivos de primera línea. Paralelamente, la firma continúa sin anunciar oficialmente quién ocupará la conducción ejecutiva tras quedar sin CEO.
El deterioro contrasta con las expectativas generadas meses atrás. En diciembre, Flybondi había anunciado un ambicioso plan de expansión que contemplaba la incorporación de 35 nuevos aviones mediante una inversión de 1.700 millones de dólares destinada a pedidos a Airbus y Boeing, luego del ingreso, en junio de 2025, del empresario Leonardo Scatturice, a través del fondo COC Global Enterprise (COC), vinculado a sectores de inteligencia y cercano al asesor presidencial Santiago Caputo.
Sin embargo, lejos de revertirse, la situación empeoró. En enero la compañía llegó a operar cerca de 20 aeronaves diariamente. Hace apenas dos meses su flota activa se había reducido a tres aviones y actualmente mantiene operativo solo uno.
Las cancelaciones masivas se suman a una serie de inconvenientes que la empresa arrastra desde 2025 y que se profundizaron durante el verano, cuando suspendió más de 150 vuelos en plena temporada alta, afectando a más de 25.000 pasajeros.
Las estadísticas de 2026 reflejan con claridad la magnitud del problema. Según «failbondi.fail», la empresa canceló 2.081 de los 10.204 vuelos programados en el año, equivalente a más del 20% de toda su operación. En contraste, Aerolíneas Argentinas registra un índice de cancelaciones del 0,9%, mientras que JetSmart alcanza el 1,2%.
El desempeño en puntualidad tampoco muestra mejoras. Apenas el 26,6% de los vuelos de Flybondi despegaron dentro del margen de hasta 15 minutos de demora, mientras que el retraso promedio alcanzó los 131 minutos.
A la crisis operativa se suma un creciente frente judicial. La empresa enfrenta una denuncia penal y un pedido de quiebra promovido por el Hotel Presidente de Buenos Aires por presuntos servicios de alojamiento impagos correspondientes a pasajeros afectados por reprogramaciones. También mantiene reclamos de la empresa de traslados Tienda León, mientras el Gobierno sigue de cerca la evolución de una situación que mantiene en vilo a miles de pasajeros y al mercado aerocomercial argentino.
Fuente: Contexto
