
El Mundial 2026 sumó una de sus mayores controversias fuera de la cancha luego de que la FIFA resolviera dejar sin efecto la suspensión que pesaba sobre el delantero Folarin Balogun, máximo goleador de la selección de Estados Unidos. La decisión generó un fuerte debate porque, según reveló The New York Times, el presidente estadounidense Donald Trump habría intervenido personalmente para impulsar la revisión del castigo.
La medida permitirá que el atacante estadounidense pueda disputar el trascendental encuentro de los octavos de final frente a Bélgica, pese a haber sido expulsado con tarjeta roja directa en el partido anterior contra Bosnia y Herzegovina.
La situación despertó cuestionamientos en el ambiente futbolístico debido a que el reglamento establece que una expulsión de este tipo conlleva automáticamente una fecha de suspensión. Sin embargo, el Comité Disciplinario de la FIFA recurrió a una disposición excepcional para suspender la aplicación del castigo.
Balogun, de 25 años y jugador del AS Monaco FC, había visto la tarjeta roja durante el segundo tiempo del encuentro correspondiente a los dieciseisavos de final del Mundial. El árbitro brasileño Raphael Claus decidió expulsarlo luego de revisar la jugada en el VAR y considerar que había cometido una infracción de juego brusco grave al impactar sobre el tobillo del defensor bosnio Tarik Muharemovic en una disputa por la pelota.
Desde el primer momento, la decisión arbitral fue duramente cuestionada por el cuerpo técnico estadounidense. El entrenador Mauricio Pochettino sostuvo que la acción había sido totalmente accidental y aseguró que «nunca fue una tarjeta roja». Varios futbolistas del plantel coincidieron con esa postura y reclamaron públicamente que la sanción resultaba excesiva.
Inicialmente, distintas fuentes cercanas a la FIFA señalaron que la suspensión era automática y no podía ser apelada. Sin embargo, horas después el panorama cambió completamente.
El Comité Disciplinario decidió aplicar el artículo 27 del Código Disciplinario de la FIFA, una norma que le permite dejar en suspenso el cumplimiento de determinadas sanciones e imponer al jugador un período de prueba durante un año. De esa manera, Balogun quedó inmediatamente habilitado para enfrentar a Bélgica, aunque si durante ese plazo vuelve a cometer una infracción grave, la suspensión podrá ejecutarse.
La resolución fue recibida con alivio por el seleccionado estadounidense, ya que Balogun acumula tres goles en el Mundial y es una de las principales figuras ofensivas del equipo anfitrión. Su ausencia habría obligado a modificar por completo el planteo táctico para enfrentar a uno de los rivales más exigentes de la competencia.
Pero la polémica no terminó allí.
De acuerdo con la información publicada por The New York Times, apenas concluyó el encuentro ante Bosnia y Herzegovina, el presidente Donald Trump se comunicó con el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, para solicitar que se revisara la expulsión del delantero estadounidense.
Aunque la FIFA nunca confirmó oficialmente esa conversación, el diario estadounidense sostiene que el mandatario desempeñó un papel determinante para que el organismo analizara nuevamente el caso.
Una vez conocida la resolución favorable para Estados Unidos, Trump celebró públicamente la decisión a través de su red social Truth Social. Allí calificó el fallo como la «reversión de una gran injusticia» y elogió a la FIFA por reconsiderar la situación del goleador norteamericano.
La participación del presidente estadounidense añadió un fuerte componente político a una decisión que ya venía siendo cuestionada por especialistas y aficionados. Numerosos analistas comenzaron a debatir hasta qué punto un jefe de Estado puede influir sobre organismos deportivos internacionales en plena disputa de una Copa del Mundo.
Mientras tanto, la FIFA defendió la legalidad del procedimiento al sostener que el artículo 27 contempla expresamente la posibilidad de suspender el cumplimiento de determinadas sanciones cuando existen circunstancias que así lo justifican.
No obstante, la utilización de esa herramienta sigue siendo muy poco frecuente y reabrió el debate sobre el margen de discrecionalidad que posee el Comité Disciplinario para modificar castigos que históricamente se consideraban automáticos.
El caso Balogun tiene escasos antecedentes en la historia de los Mundiales.
Uno de los más recordados ocurrió durante el Copa Mundial de la FIFA 1962, cuando el brasileño Garrincha fue expulsado en la semifinal frente a Chile. Pese a la tarjeta roja, una resolución posterior permitió que disputara la final ante Checoslovaquia, donde Brasil terminó consagrándose campeón del mundo.
Más recientemente, en noviembre de 2025, la FIFA utilizó el mismo artículo 27 para beneficiar al portugués Cristiano Ronaldo. Tras ser expulsado durante las Eliminatorias, recibió tres fechas de suspensión, pero el organismo dejó en suspenso las dos últimas bajo un régimen de prueba, lo que le permitió llegar habilitado al debut de Portugal en el Mundial 2026.
Ahora, el nombre de Balogun se suma a esa reducida lista de futbolistas favorecidos por una excepción reglamentaria que continúa generando controversia.
Con su principal goleador nuevamente disponible, Estados Unidos afrontará el decisivo cruce frente a Bélgica con todas sus figuras. Sin embargo, el debate sobre la influencia política, la igualdad de criterios disciplinarios y la transparencia de las decisiones de la FIFA promete continuar mucho después del pitazo inicial.
