
Sol tiene 19 años. Sonríe con timidez. Todavía hay una tristeza que asoma en su mirada. Hoy escribe todos los días. Llena cuadernos con pensamientos, emociones y pequeños logros. Es su forma de reconstruir una vida que, hace apenas 13 meses, intentó apagar para siempre. “Solo quería dormirme y no despertarme; quería sentir paz. No deseaba morirme; quería acabar con un dolor que me hacía sufrir mucho. La pena era tan grande. Sentía que no podía más. No veía más escapatoria”, confiesa la joven.
Ahora hace terapia, y luego de algunas semanas internada en estado de gravedad, ya no ve todo tan oscuro. “Aprendí a vivir un día a la vez”, dice. Algunos son grises, otros con un poco más de color.
Habla despacio. Hace pausas. El silencio parece seguir pesando cuando revive aquellos momentos marcados por la depresión y el acoso escolar que sufrió durante mucho tiempo. Después del intento de suicidio, empezó un tratamiento psicológico y aprendió algo más: pedir ayuda no es una derrota, sino el comienzo de una nueva oportunidad.
“Sí se puede salir de ese agujero”, afirma. Su familia se convirtió en el sostén más importante durante el proceso. Y por eso decidió contar públicamente su historia: porque sabe que detrás de muchas sonrisas hay jóvenes que atraviesan el mismo sufrimiento en silencio.
Su testimonio pone rostro a una realidad que crece en todo el país y que ya se transformó en una de las principales preocupaciones de los especialistas en salud mental.
Las cifras son la muestra más fiel de esta realidad alarmante. Durante el último año, Argentina registró un incremento del 21,6% en la tasa de suicidios. Según datos oficiales, 5.200 personas murieron por esta causa durante 2025: más de 14 personas por día; un suicidio cada una hora y 40 minutos.
El dato refleja además un cambio histórico: por primera vez en años, los suicidios superaron en cantidad tanto a los homicidios como a las muertes por accidentes de tránsito.
En Tucumán la situación también es inquietante. De acuerdo con el informe anual del Sistema Nacional de Información Criminal (SNIC), la provincia registró 227 suicidios durante 2025. La tasa alcanzó los 13,5 casos cada 100.000 habitantes, por encima del promedio nacional de 11,8.
El mismo informe señala que la provincia pasó de una tasa de 12,0 en 2024 a 13,5 en 2025, lo que representa un incremento del 13,3% en los hechos consumados.
Mayor precisión
La referente del Programa de Prevención y Abordaje de Conductas Suicidas del Siprosa, Irma Thomas, explica que el aumento de las tasas responde a múltiples factores, pero también a que desde 2023 existe un sistema obligatorio de recolección de datos que permite conocer con mayor precisión la dimensión real del problema en cada jurisdicción y las características particulares de cada territorio. “La información es fundamental para poder planificar estrategias de prevención y abordaje”, sostiene.
El crecimiento de la demanda también queda reflejado en el funcionamiento de la línea telefónica 135, el dispositivo creado por el Ministerio de Salud Pública de Tucumán para brindar asistencia y prevención del riesgo suicida.
Desde su puesta en marcha, en diciembre de 2021, el número de consultas no dejó de aumentar. En 2022 se recibían entre 100 y 160 llamadas por mes. Durante 2024 el promedio ascendió a 700 comunicaciones mensuales. Un año después se alcanzó un promedio de 30 llamadas por día. Y en 2026, durante mayo se registraron 1.329 llamados y en junio la cifra llegó a 1.359. Es decir, alrededor de 45 pedidos de ayuda diarios: un 50% más en un año.
Ante esta demanda, el sistema debió reforzarse incorporando más profesionales. Actualmente, tres psicólogos permanecen disponibles las 24 horas, todos los días de la semana, brindando orientación ante crisis de salud mental y situaciones de riesgo suicida. La especialista explica que la línea funciona dentro de la Dirección de Emergencias y trabaja de manera articulada con el sistema de ambulancias cuando la situación requiere una intervención inmediata.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) define al suicidio como un problema de salud pública complejo y multicausal, en el que intervienen factores sociales, culturales, biológicos, psicológicos y ambientales.
Los especialistas coinciden en una idea central: quien intenta suicidarse no busca necesariamente terminar con su vida, sino poner fin a un sufrimiento emocional que siente insoportable. También advierten que la mayor concentración de suicidios ocurre entre personas de 20 a 34 años, mientras que las tasas más elevadas de intentos se registran en jóvenes de entre 15 y 24 años.
Hablar salva vidas
“La mejor prevención del suicidio es hablar”, afirma Thomas. Considera que las familias representan uno de los principales factores protectores y remarca la importancia de generar espacios de escucha donde niños, adolescentes y jóvenes puedan expresar lo que sienten sin miedo a ser juzgados. También insiste en la necesidad de derribar los estigmas que todavía existen alrededor de la salud mental.
Pedir ayuda profesional, consultar a tiempo, sostener los tratamientos indicados y acompañar emocionalmente a quienes atraviesan momentos difíciles son, según explica, herramientas fundamentales para prevenir desenlaces trágicos.
La especialista subraya además que el acompañamiento adulto resulta esencial durante la adolescencia, una etapa atravesada por cambios emocionales, conflictos familiares, problemas escolares, rupturas sentimentales y otras situaciones que pueden vivirse con enorme intensidad.
Consumo de sustancias
Los especialistas advierten que el aumento de los suicidios también está estrechamente relacionado con los consumos problemáticos, un fenómeno que cambió de manera significativa entre los adolescentes tucumanos. El Séptimo Estudio Nacional sobre Consumo de Sustancias Psicoactivas de la SEDRONAR revela que el 68,7% de los estudiantes secundarios de Tucumán toma alcohol. Uno de los datos que más preocupa es la edad de inicio.
El consumo de bebidas energizantes comienza, en promedio, a los 12 años, mientras que el alcohol aparece alrededor de los 13. Los especialistas señalan que estos consumos suelen asociarse con otros factores de riesgo vinculados a trastornos de salud mental, depresión, ansiedad e intentos de suicidio.
Mientras las estadísticas crecen, detrás de cada número hay una historia. Como la de Sol, que intenta construir una vida distinta. No oculta las cicatrices. Tampoco romantiza lo que vivió. Simplemente quiere que quien hoy está atravesando ese mismo dolor sepa que existe otra posibilidad: “pensaba que nunca iba a volver a estar bien. Hoy todavía estoy sanando, pero puedo decir que valió la pena seguir”.
Fuente: La Gaceta
