
En el entramado libertario, el poder hace tiempo que dejó de responder a un organigrama tradicional.
Ministros, secretarios, asesores y dirigentes partidarios ocupan casilleros formales, pero las decisiones sensibles recorren otro circuito. Y en ese esquema hay una figura cuya gravitación es única: Karina Milei, secretaria general de la Presidencia, presidenta de La Libertad Avanza y, sobre todo, la persona que cuenta con la confianza más íntima de Javier Milei. “El Jefe”, como la bautizó el propio Presidente, pasó de custodiar a su hermano a administrar una porción cada vez mayor del poder político.
El cambio no ocurrió de un día para otro. Durante la primera etapa el denominado “triángulo de hierro” repartía el poder entre los hermanos Milei y Santiago Caputo. Karina se ocupaba del armado partidario y territorial; Caputo, de la estrategia y de diferentes resortes de la gestión. Con el tiempo, esas fronteras comenzaron a correrse. Paso a paso la secretaria general avanzó sobre otras áreas de decisión y construyó una red propia que incluye a Eduardo “Lule” Menem, a Martín Menem y a dirigentes que responden a su conducción partidaria.
El proceso también estuvo acompañado por una transformación. LLA nació como una fuerza construida alrededor de la popularidad de Javier Milei, pero Karina se propuso convertir ese fenómeno en una estructura con sello propio. Encontró en Lule Menem a uno de sus principales operadores y en Sebastián Pareja una pieza para el armado en PBA.
Esa construcción territorial provocó más de un choque con Las Fuerzas del Cielo, el sector identificado con Caputo, especialmente cuando llegó la hora de definir espacios y candidaturas.
Esa disputa dejó de ser subterránea. En mayo de este año, el enfrentamiento entre el sector de Caputo y el que responde a Karina escaló hasta las redes sociales y tuvo como uno de sus protagonistas a Martín Menem. El episodio encendió alarmas y hubo funcionarios que reclamaron la intervención del Presidente para detener una pelea que ya no podía explicarse como una simple diferencia entre colaboradores.
El enfrentamiento, sin embargo, no terminó con un ganador absoluto. Caputo conservó influencia en áreas estratégicas y Karina continuó ampliando su intervención en la política cotidiana. En agosto reaparecieron cortocircuitos vinculados con el organismo de inteligencia, después de que una reasignación presupuestaria sumara nuevos fondos a esa oficina. La discusión volvió a exhibir que la convivencia entre los dos sectores puede ser funcional, pero no tan armónica.
Hay, además, otro cambio en Karina que comenzó a advertirse con mayor nitidez: el pragmatismo. La secretaria general entendió que una cosa es construir un partido y otra, bastante diferente, garantizar gobernabilidad y preparar una reelección presidencial. Ese aprendizaje la llevó a involucrarse en conversaciones con gobernadores y dirigentes que difícilmente hubieran formado parte del universo libertario original. La lógica es sencilla: para sostener el proyecto de Milei más allá de 2027 hacen falta votos, estructura territorial y acuerdos que excedan al núcleo duro.
Ese giro también modificó el funcionamiento de la mesa política oficialista. Karina aparece hoy en el centro de un espacio en el que confluyen dirigentes de perfiles muy distintos: el jefe de Gabinete, Diego Santilli; Luis Caputo; Patricia Bullrich; Martín Menem; Lule Menem; Santiago Caputo y otros funcionarios encargados de traducir las prioridades de la Casa Rosada al Congreso. Más que homogeneidad ideológica, allí existe una necesidad compartida: conseguir las mayorías que el Gobierno no posee por sí solo.
En ese escenario, 2027 ya dejó de ser una fecha lejana. La reelección de Javier Milei ordena buena parte de las decisiones políticas del Gobierno. Karina pretende negociar provincia por provincia y construir acuerdos según las particularidades de cada distrito. Caputo, en cambio, ha impulsado una estrategia más global. No es sólo una discusión metodológica: detrás de cada alternativa aparece una concepción diferente sobre cómo debe expandirse LLA y quién debe conducir esa expansión.
Una fuerza que llegó a la Casa Rosada prometiendo dinamitar las reglas tradicionales de la política necesita ahora dominar esas herramientas: negociar con gobernadores, administrar el Congreso, construir candidatos, ordenar provincias y contener internas. Karina Milei parece haber asumido esa tarea. Y en el camino amplió su radio de influencia desde el despacho contiguo al Presidente hasta convertirse en la jefa política del oficialismo, aun cuando ese cargo no exista en ningún decreto.
Fuente: Perfil
