
Luis Enrique siendo Luis Enrique. El técnico del PSG acaba de meter a su equipo en la segunda final consecutiva de la Champions League y eligió celebrar su cumpleaños número 56 con un gesto que no sorprende a nadie que lo conozca: reservó mesa en el restaurante Prunier, un exclusivo local especializado en caviar y marisco ubicado cerca del Arco del Triunfo en París, invitó a sus jugadores y decidió no aparecer. Una historia que en cualquier otro entrenador sería inexplicable y en él es simplemente coherente con quien es.
La información la reveló el diario Le Parisien, que detalló el establecimiento elegido y confirmó la llamativa ausencia del festejado. El plantel del elenco de la capital francesa, todavía en modo celebración tras eliminar al Bayern Munich y asegurarse el boleto a la final, se encontró con una fiesta sin anfitrión. Budapest espera a Luis Enrique con la posibilidad de otra gloria europea y el entrenador tiene la cabeza puesta ahí.
El clima en el PSG no podría ser mejor. Nasser Al-Khelaifi, presidente del club, no escatimó palabras para describir lo que significa el técnico asturiano para el proyecto: «Es mi mejor decisión. Hablé 15 años para ficharlo.» Una declaración que dice todo sobre el peso que el estratega tiene en la institución y sobre la confianza que generó en el club francés desde su llegada.
El entrenador, carismático e intenso por naturaleza, llega a su segundo cumpleaños en el PSG con el equipo en la cima de Europa. La fiesta puede esperar. La final, no.
