
“Hasta el día de hoy repito que estas dos mujeres diabólicas son profesionales del crimen. Es la única manera de entender por qué mantuvieron este pacto de silencio. Han pasado 20 años y nos seguimos preguntando dónde está”, sostuvo Liliana Argañaraz, hermana de Ángela Beatriz, la maestra asesinada hace dos décadas.
La Justicia determinó que “Betty”, como llamaban a la docente, se dirigió al departamento de Catamarca primera cuadra convocada por Susana Acosta y Nélida Fernández, donde la golpearon hasta matarla. El móvil del crimen, de acuerdo con la teoría del caso, fue que la primera aspiraba a convertirse en directora del colegio Padre Roque Correa, cargo que finalmente recibió la víctima. Luego, siempre según la sentencia, cargaron el cuerpo en un Ford Orion y lo trasladaron hasta un lugar desconocido. Nunca se supo dónde lo ocultaron.
Liliana nunca cuestionó la condena de 20 años que recibieron las ex novicias en diciembre de 2009. “Eso no es algo que calme el dolor ni podemos decir que estamos totalmente conformes, porque acá hay algo muy importante que falta: ‘Betty’”.
Cómo fue la búsqueda
La primera búsqueda se realizó en el colegio, cuando todavía no se mencionaba la pista que involucraba a las ex novicias. Los investigadores se presentaron y, para evitar inconvenientes por la falta de colaboración, acudieron con una orden de allanamiento. Recorrieron las instalaciones y los túneles que existen en el establecimiento.

Desde el 5 de agosto de 2006, El Cadillal se transformó en el centro de los rastrillajes. La elección de ese lugar no fue casual. Las acusadas tenían una casa de fin de semana en esa villa turística y, en los inicios de la investigación, la fiscala Adriana Giannoni reunió indicios de que habían estado allí horas después de que se cometiera el crimen.
El ex secretario de la fiscalía VIII, Ernesto Baaclini, opinó que ocultaron el cuerpo en ese lugar. “Lo digo porque se sumaron varios indicios. Ellas conocían a la perfección la zona porque tenían una casa de descanso y caminaban mucho. Lugareños las vieron en esos días y, además, cargaron dos veces la cantidad necesaria de combustible para ir y volver de esa villa turística. Siempre pensé que fueron hasta una de las orillas del lago y la arrojaron al agua con algún peso para que se hundiera”, señaló.
La ya jubilada fiscala Giannoni no fue tan categórica, pero aportó otro dato para reforzar esa hipótesis. “Videntes de todo el mundo se comunicaron con nosotros para darnos su impresión sobre dónde podía estar ‘Betty’. A pesar de tener nacionalidades diferentes, coincidían en algo: la víctima había sido arrojada al agua en un sector con abundante vegetación”, señaló en una entrevista con LA GACETA.
Los rastrillajes oficiales se realizaron en distintos sectores de la capital, Yerba Buena, El Cadillal, El Manantial, Río Nío, Leales, Concepción, Juan Bautista Alberdi y Acheral, entre muchos otros lugares. También se siguieron pistas en Catamarca y Santiago del Estero. Ninguna de esas tareas tuvo éxito.
El presente del caso
“Nadie busca a mi hermana”, denunció Argañaraz en una entrevista con LA GACETA.
En el fallo condenatorio, los integrantes del tribunal ordenaron que se mantuviera abierta la causa destinada a encontrar el cuerpo, tarea que recayó en la fiscala Giannoni, responsable de la investigación. Hasta su jubilación, ella estuvo a cargo del expediente. En 2020, con la entrada en vigencia del nuevo Código Procesal Penal, el caso pasó al régimen conclusional, por lo que debería seguir tramitándose, siempre que no haya sido archivado.

“Que alguien me diga quién tiene el expediente. Cada vez que voy a la sede del Ministerio Público y pido ir a la fiscalía para averiguar cuál es su estado, ni siquiera puedo entrar porque no sé en qué oficina está”, sostuvo la hermana de “Betty”.
“He pedido una audiencia con el ministro fiscal, Edmundo Jiménez, para plantearle el tema. No es necesario que él me reciba; puede hacerlo cualquier persona que me explique qué se está haciendo”, añadió.
En 2006, la Nación dispuso una recompensa de $150.000 para quien aportara datos que permitieran encontrar el cuerpo. En ese momento, esa suma equivalía a unos U$S 49.000; hoy representa alrededor de U$S 110. El ofrecimiento despertó el interés de muchos tucumanos, que salieron a buscar alguna pista que les permitiera quedarse con ese dinero.
“La recompensa sigue vigente, pero nunca se hizo una actualización ni se volvió a hablar del ofrecimiento. Hubo contactos con especialistas en desaparición de personas de Buenos Aires, pero nunca se avanzó en nada”, relató Liliana.
“Supuestamente, funcionarios nacionales deberían haberse comunicado con Jiménez para hablar del tema, pero no sabemos cuál fue el resultado de esas gestiones”, agregó con tono de queja.
“Siempre les pedí que dijeran dónde está ‘Betty’. Se trata de un acto piadoso con la familia. Además, sería una manera de reivindicarse ante la sociedad y de cerrar estas heridas tan profundas”, imploró.
“Por el mismo delito no serán juzgadas nuevamente ni recibirán otra condena. Solo pedimos terminar de elaborar el duelo. Poder levantarme cada día sin tener que seguir buscándola. Contar con un lugar donde sepamos que está descansando”, concluyó.
Fuente: La Gaceta
