
En el día posterior al cierre de listas de candidatos para las PASO del 13 de agosto próximo, Unión por la Patria (UP) desnudó su división irremediable y la vicepresidenta Cristina Kirchner no pudo disimular su enojo por la definición de las listas de su espacio, incluida la del candidato presidencial Sergio Massa, y en un acto oficial de reivindicación de los derechos humanos, terminó desnudando disputas internas partidarias y su desprecio por el presidente Alberto Fernández.
Ahora, la pregunta que se formulan en los pasillos de la Casa Rosada y del massismo es hasta qué grado le dará su apoyo a Massa o si hará una campaña como la que hizo con Daniel Scioli en 2015, en la que lo desgastó sistemáticamente.
“Tiene que estar caliente con algo, porque exteriorizó cosas que nunca se hacen, como hablar tan mal del Presidente”, dijo a A24.com un funcionario del Gobierno que responde al ministro de Economía, Sergio Massa. “Además, lo más notorio de su malestar fue en un acto donde había que reivindicar los derechos humanos, es una bandera nuestra, salió hablando de una disputa partidaria”, dijo una fuente kirchnerista.
“No correspondía el discurso para el lugar y el momento que estábamos y lo que estábamos tratando de reivindicar”, señaló otro funcionario albertista del Gobierno. Si bien Cristina Kirchner bendijo a Massa como candidato presidencial para contener la furia de los ultra K por no tener un candidato propio, dejó sentado que su candidato preferido era Eduardo Wado De Pedro y dijo que ella era la que tenía más votos para marcar su condición de jefa política de UP.
Cristina Kirchner sacó los trapitos al sol de la interna oficialista
Además, descalificó al presidente Alberto Fernández, a Victoria Tolosa Paz y a Santiago Cafiero. Y dijo que la condición para bajar a Scioli fue poner al jefe de Gabinete, Agustín Rossi, como vicepresidente de Massa y a dos funcionarios albertistas, Victoria Tolosa Paz y Santiago Cafiero, en la lista de candidatos a diputados bonaerenses.
El dato sintomático fue que se trataba de un acto oficial en el Aeroparque Jorge Newbery en el que se anunciaba la repatriación del avión Skyvan PA-51, usado durante “los vuelos de la muerte” durante la dictadura militar, con funcionarios mayoritariamente kirchneristas y massistas, y organismos de derechos humanos.
Para el kirchnerismo, esa bandera es irrenunciable y Cristina Kirchner le dedicó unos pocos minutos, apoyó una ley para convertir el negacionismo en delito y luego dedicó varios minutos a sacar los trapitos al sol de Unión por la Patria.
La división era obvia: el Presidente estaba bien lejos, en Brasilia, visitando al presidente Luiz Ignacio Lula Da Silva, con el canciller Santiago Cafiero y con el embajador Daniel Scioli, que el viernes último se vio presionado a resignar su aspiración presidencial por pedido de Alberto Fernández para dejarle su lugar a Massa, que reclamaba ser candidato único. Scioli había jurado a sus hombres que esta vez no renunciaría y competiría en las PASO.
