
Si una persona acaba vinculando su valía a lo que hace, quedarse quieta puede resultar incómodo. Isabel Aranda, vocal de la Junta de Gobierno del Colegio Oficial de la Psicología de Madrid, consultada por el portal Cuidateplus, indica que ya sea porque se haya aprendido en la infancia o en el entorno laboral, estar siempre haciendo algo se puede convertir en una forma de vivir.
El hábito también influye: “Después de mucho tiempo funcionando sin parar, bajar el ritmo no es fácil, el cuerpo y la mente se han acostumbrado a una sobreactividad. Podemos tener tiempo libre y, aun así, sentir que debemos llenarlo”.
Es en este punto se habla de “síndrome de la vida ocupada”. Eso sí, Aranda aclara que se trata de una expresión divulgativa y no de un diagnóstico psicológico. En concreto, sirve para describir una experiencia reconocible: vivir con la mente llena de pendientes y sentir que nunca se ha hecho lo suficiente. “La cuestión no es cuántas actividades hay en la agenda, sino qué relación mantenemos con ellas. Una persona puede atravesar una etapa exigente y disfrutar plenamente de ello”, explica la psicóloga, quien añade que la señal de alerta aparece cuando cualquier hueco se llena automáticamente y genera malestar. Además, agrega, para algunos es una forma de eludir otros temas que generan preocupación.
Nocivo
En palabras de Aranda, “para quien se ha acostumbrado a sentirse valioso solo cuando está haciendo cosas, descansar parece una falta que debe justificarse”. “El descanso no es un premio por haber terminado todo, sino una condición para poder continuar bien”, remarca la profesional. Esto se convierte en un problema cuando no parar deja de ser una elección y se convierte en una obligación interna. “Conviene prestar atención si le cuesta desconectar incluso fuera del trabajo, duerme peor, está más irritable, pierde interés por actividades que antes disfrutaba o descuida su salud y sus relaciones”, indica sobre las alertas por las que se debe pedir ayuda.
Asimismo, si la persona necesita mantenerse ocupada para no enfrentarse a una angustia que va en aumento, conviene consultar con un psicólogo que pueda ayudarle a entender qué sostiene ese ritmo y a recuperar el margen de elección. “Buscar atención psicológica antes de agotarse también es una forma de cuidarse”, concluye la especialista.
