
El papa Francisco canonizará este jueves a la primera santa argentina: Mama Antula. La celebración en la Basílica de San Pedro se celebrará a las 5.30 de la Argentina. Así, la actual beata formará parte del selecto grupo de fieles argentinos que recibieron tal honor, junto con San José Gabriel «Cura» Brochero, San Héctor Valdivielso y Artémides Zatti. Junto con este último, conocido como «el enfermero de la Patagonia», Mama Antula fue una laica nacida en la argentina que vivió conforme al Evangelio y realizó milagros, por lo que la Iglesia le otorga el título de «santa».
María Antonia de Paz y Figueroa nació en Villa Silípica, una pequeña localidad rural de Santiago del Estero, en 1730, y falleció en Buenos Aires en 1799. Durante su tiempo en este mundo, la santa «Mama Antula«, como la llamaban en quichua, misionó en el norte del país, Córdoba y Buenos Aires.
Otro aspecto curioso de su santidad es que la alcanzara siendo laica, ya que no formó parte de ninguna orden, sino que era una laica consagrada que dedicó su vida a la misión. El 27 de agosto de 2016, fue el propio papa Francisco quien la beatificó, dando paso a su potencial, ahora concretada, canonización.
Durante su vida terrena, fue fundadora en Buenos Aires de la Santa Casa de Ejercicios Espirituales en Buenos Aires, y sus restos descansan en la actualidad en la iglesiade Nuestra Señora de la Piedad, cerca del Congreso de la Nación, en la ciudad de Buenos Aires.
Según publicó la Agencia Informativa Católica de Argentina (AICA), «en los albores de la Patria -cuando aún el territorio formaba parte del virreinato del Perú- una mujer laica, vestida con ropa de varón (un hábito jesuita), puso en valor la dignidad femenina, en épocas en las que las mujeres vivían para ser madres o para ser monjas, no leían ni escribían y les estaba vedada toda actuación social independiente respecto de un hombre».
«La futura santa desafió así las convenciones de la sociedad colonial y tuvo una influencia crucial y postrera en el clima independentista de mayo de 1810», añadió la agencia católica al momento del anuncio de su canonización.
A los 15 años, según se cuenta en la biografía «La mujer más rebelde de su tiempo», desafió a su padre avisándole que no se casaría ni sería monja.
El apoyo de Mama Antula al trabajo de los jesuitas
Mama Antula -un diminutivo de Madre Antonia- es el nombre que le dio la población quechua, lengua que ella hablaba.
Desde muy joven y por 20 años colaboró con los jesuitas en la promoción y organización de los célebres ejercicios espirituales del fundador de esa orden religiosa: San Ignacio de Loyola.
«Recorrió a pie casi 5.000 kilómetros por el virreinato del Perú -a lo largo del territorio de las actuales provincias de Santiago del Estero, Tucumán, Salta, Jujuy, Catamarca, La Rioja y Córdoba- y, cuando Buenos Aires pasó a ser el centro del virreinato del Río de la Plata, se instaló en las costas porteñas, donde «puso de moda» los ejercicios espirituales ignacianos y construyó uno de los edificios más antiguos de la ciudad: la Santa Casa de Ejercicios (de 1784), aún en funcionamiento», resaltó AICA.
Y señaló que «acusada de loca y de bruja, el peso histórico de Mama Antula en los sucesos independentistas de la Argentina quizá haya sido más importante que el religioso, aunque ahora se encuentre olvidado».
Por eso «es considerada una Madre de la Patria: de las multitudinarias tandas de ejercicios espirituales realizados por ella en la Santa Casa, participaron varios próceres de la independencia, como Manuel Belgrano, Miguel de Azcuénaga y hasta el Virrey Santiago de Liniers».
Cuando ella aún vivía se editó en Europa un libro con su correspondencia con los jesuitas expulsados de América que residían en Europa, titulado ‘El estandarte de la mujer fuerte’.
«A esas cartas, llenas de alusiones históricas -como la dedicada a la revuelta de Tupac Amaru en Cuzco-, los filólogos la consideran la primera literatura originaria del Río de la Plata», según AICA.
AICA relató que «su tarea implicaba un fuerte impacto social: protegía a las mujeres sin casa y albergaba a los niños abandonados, alimentándolos, vistiéndolos, dándoles un hogar y bautizándolos con el apellido ‘San José'»
En las tandas de ejercicios espirituales «convivían ambos sexos de todas las clases sociales y condiciones: autoridades, patricios, nobles, criollos, campesinos, mercaderes y esclavos, en un preclaro ejercicio de fraternidad humana», agregó la agencia católica.

Francisco ya convirtió en santos al argentino José Gabriel «cura» Brochero, en 2016, y al ítalo-argentino Artémides Zatti en 2022.
